Quienes durante décadas hemos sido beneficiarios del trabajo hecho por bibliógrafos y referencistas, seríamos muy ingratos si no lo estimáramos en grande. Este artículo trata sobre uno, una, de esos profesionales, alguien de quien debe sentirse orgullosa nuestra Biblioteca Nacional José Martí: Araceli García Carranza. Nació un 10 de octubre, lo que hace pensar en su raigal y fina cubanía, no en los años recientemente cumplidos, pues la caracteriza su luz de muchacha permanente.

En 1962, al graduarse de doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana, se inició en la Biblioteca como especialista del Departamento de Catalogación. Luego cumplió otras responsabilidades en Colección Cubana y en Bibliografía Cubana. Este último lo dirigió de 1987 a 2004, cuando pasó a ser jefa de Investigaciones Bibliotecológicas e Histórico-Culturales. Esperamos que, para bien de lectoras y lectores y, en primer lugar, de la propia institución, siga dándosele el alto lugar que merece.

Desde 1999 su desempeño incluye además la jefatura de redacción de la Revista de la Biblioteca, publicación fundada en 1909. De ese órgano, uno de nuestros tesoros culturales, García Carranza hizo un riguroso índice, hasta 2008, y sigue actualizándolo. Su servicio bibliotecario interno, y el que brinda a investigadores, profesores y estudiantes cubanos y de otros países, es parte de una obra en la que descuellan aportaciones bibliográficas relevantes, varias de ellas impresas en volúmenes independientes.

Sola o en esfuerzo compartido con su hermana Josefina, fallecida en 2006, ha compilado las bibliografías de nuestra Guerra de 1895 y de la Revista Bimestre Cubana, las de Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, José Antonio Portuondo, Carlos Rafael Rodríguez, José Lezama Lima, Luis Suardíaz, Lisandro Otero, Eusebio Leal, Roberto Fernández Retamar y Enrique Cirules; y la relativa a los nexos de Ernest Hemingway con Cuba. Suya es la única compilación bibliográfica, abarcadora, de Ernesto Che Guevara. Para la Revista de la Biblioteca hizo las de dos de los maestros que más han influido en ella intelectual y humanamente: Cintio Vitier y Fina García Marruz.

A José Martí y Alejo Carpentier ha dedicado atención especialísima. Del primero hizo la bibliografía para los siete números del Anuario Martiano que publicó la  Sala Martí de la Biblioteca hasta que en 1977 se fundó el Centro de Estudios Martianos (CEM) y este le confió realizarla para su Anuario, que desde 1978 dio continuidad al de la disuelta Sala, y va por treinta y una entregas. Es igualmente autora de selecciones bibliográficas diversas, y seguimos esperando la publicación del monumental conjunto de su Bibliografía martiana. Ha colaborado en la edición crítica, a cargo del CEM, de las Obras completas del héroe, y participado en foros acerca de él.

De Carpentier ha hecho repertorios generales y temáticos, y varios que enriquecen distintas ediciones: entre ellas, los adelantos, preparados por Julio Rodríguez Puértolas y Raquel Arias Careaga, de las Obras completas que Akal publica en España. Su quehacer con la producción de Carpentier ha incluido trabajo directo con el autor y sus manuscritos, y asesoría de exposiciones, jornadas de estudio y tesis académicas. Por amplio derecho propio es miembro de la junta directiva de la Fundación que lleva el nombre del gran escritor.

Al sistema bibliotecario nacional lo han beneficiado sus conocimientos, así como a nuestros medios: asesoró el documental Siempre Cintio, realizado por Maritza Deschapelles para la televisión. El prestigio de la bibliógrafa desborda nuestro país: en México, República Dominicana, Colombia, España y los Estados Unidos ha dictado conferencias o colaborado en proyectos varios. De 1905 a 2005 fue miembro corresponsal de la Sección de Bibliografía de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de la Biblioteca (IFLA, siglas en inglés), y en 2004 se le nombró miembro del Consejo de Redacción de la revista estadounidense Cuban Studies.

Tiene bien ganada la condición de profesora titular adjunta de la Universidad de La Habana, al igual que la de investigadora titular. Ha ejercido largamente la docencia en el área de la bibliotecología, incluso en cursos de posgrado de esa Universidad, y es miembro del Tribunal de Categorías Científicas del Ministerio de Cultura desde 1995.

Entre otros numerosos reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Cubana y las Medallas Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, y en dos ocasiones ha sido seleccionada Vanguardia Nacional del Trabajo. En 2007 el Coloquio Internacional Del papiro a la biblioteca virtual, de la Casa de las Américas, le rindió homenaje, y la Sociedad Cultural José Martí le otorgó el premio La Utilidad de la Virtud.

Goza de la admiración y la gratitud de sucesivas generaciones de lectoras y lectores, de profesionales que acuden a ella en busca de auxilio. Sus aportes enriquecen a nuestra Biblioteca Nacional, envuelta ahora en un remozamiento que abarca reforzar su informatización. Contribuciones destacadas de la doctora García Carranza son también su garbo humano, marcado por una elegancia que seguirá siendo ejemplar y especialmente necesaria en nuestros días, y en el futuro.

La prestigiosa profesional no quedó anclada en los cánones que otrora tuvo la Biblioteca, sino que, en fértil diálogo con los tiempos, conserva las enseñanzas beneficiosas de la institución donde se formó laboralmente. Mantiene la buena educación que debe acompañar a los cambios necesarios: sin ella, unida a la insustituible capacidad humana de ordenación y discernimiento, ninguna biblioteca logrará que la tecnología dé los mejores frutos. Se requiere que usuarios y empleados cumplan normas elementales, como no agredir aún más un silencio quebrado por la bulla que llega del entorno.

Frente a realidades indeseables, la floral Araceli García Carranza —cuya modestia puede confundir a los catedráticos de la ostentación— ratifica del modo más eficaz la utilidad de la virtud, y lo hace sencilla y naturalmente. Eso es parte de su tributo a nuestro Maestro mayor.

Luis Toledo Sande

Fotos del autor

* La presente edición recupera líneas que por limitaciones de espacio no aparecieron en la entrega del 3 de diciembre (año 102, No. 25) de la revista Bohemia, que también reprodujo el texto en su sitio digital: http://www.bohemia.cu.

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