Ayer, 3 de octubre, murió Ruth de la Torriente Brau, a los noventa y siete años. Semanas antes una isquemia había empezado a privarla del ánimo y la lucidez juveniles con que asombraba a todos. Al igual que hasta sus respectivas muertes hicieron sus otras hermanas, cultivó con entrega y alegría la memoria de su hermano, el escritor, periodista y luchador revolucionario Pablo de la Torriente Brau. 

Apoyó con pasión el proyecto de trasladar a Cuba sus restos, que permanecen en una fosa común en Barcelona, una de las muchas que el fascismo sembró en España, y para ello viajó varias veces a ese país, la más reciente cuando ya contaba noventa y cinco años. Muerta ella, será aún más necesario movilizar fuerzas que respalden el noble proyecto mencionado. Maestra de profesión, Ruth desempeñó también otras tareas, incluso en las Naciones Unidas. Última integrante de la estirpe puertorriqueña y cubana de los Torriente Brau, cuyos miembros brillaron con luz propia, varias instituciones la distinguieron y agasajaron no solamente en nuestro país, donde lo hicieron, entre otras, el Centro que lleva el hombre de su hermano, la Universidad de La Habana y la Unión de Periodistas de Cuba, que le otorgó la Orden Félix Elmuza. Fue digna exponente y defensora de nuestra cultura patriótica y revolucionaria.

Retrato de Pablo por Ruth (1937)


Fotos tomadas del sitio de Ruth de la Torriente Brau.
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