Ya publicado en esta artesa el artículo “Facciones finas para ser bonito”, y reproducido en Rebelión y en otros sitios, me llegó de La Polilla una información que merece tenerse cumplidamente en cuenta: la Cátedra de Pensamiento Haydee Santamaría y la Cofradía de la Negritud, mencionada al inicio de aquel texto, cursaron a la Dirección Política del Ministerio del Interior en Ciudad de La Habana una carta de agradecimiento por el apoyo que habían recibido de ella para la celebración de un acto significativo.
La carta expresa: “Ayer, 27 de noviembre [de 2010], en la esquina que forman las calles Morro y Colón, en La Habana Vieja, a pocos metros del memorial donde se conserva el yate Granma y arde la llama eterna por los Mártires de la Revolución, la Cátedra Haydée Santamaría y la Cofradía de la Negritud (integrantes de la Red Protagónica Observatorio Crítico) llevamos a cabo, por quinto año consecutivo, un acto público en homenaje a las memorias de los cinco hombres negros, miembros de la hermandad abakuá Bakokó Efó, que el 27 de noviembre de 1871 protagonizaron la acción armada —de la que no tenían ni la más remota posibilidad de escapar con vida— en protesta por el crimen horrendo que constituyó el fusilamiento de los ocho jóvenes estudiantes de Medicina”.
El texto añade que el acto incluyó este año “la develación de una tarja que evoca aquellos hechos, y la colocación de dos piezas de hierro fundido que simbolizan a las instituciones abakuá Bakokó Efó, a la que pertenecían los cinco hombres negros que se inmolaron aquella tarde, y Akanarán Efó Muñón (Ekobio Mukarará), primer juego abakuá de hombres blancos fundado en La Habana en 1863, de la que era miembro por lo menos uno de los estudiantes asesinados”.
Después de reseñar el acto “hermoso que contó con la presencia de decenas de habaneras y habaneros, y algunos turistas admirados”, la carta narra “una procesión que marchó por [la calle] Colón hasta Prado, y de allí, por el centro del paseo, hasta el mausoleo que, en La Punta, perpetúa la memoria de los ocho mártires del 27 de Noviembre”. Las instituciones firmantes reconocen el apoyo brindado al acto por agentes de la Policía Nacional Revolucionaria y miembros de la población, y a unos y a otros agradecen su aporte al “ordenado, pacífico y cordial desenvolvimiento de esta conmemoración”, y expresan el deseo de que así siga haciéndose “frente al resto de la obra constructiva de nuestros activistas” para lo que definen como “la recuperación de los contenidos populares de la Revolución Cubana”, que, añadamos, no podría vivir sin ellos: son y han de ser su médula. Si no, ella dejaría de ser la Revolución que es.
Al inicio de “Facciones finas…” afirmé: “Merece aplauso todo limpio esfuerzo hecho para acendrar una plena integración justiciera a partir de erradicar las secuelas de un pasado que cargó, entre otras, con la mácula terrible de la esclavitud”. Lo reitero ahora, motivado por un acto que corrobora la importancia de tener y aplicar en todo una visión lo más completa posible de nuestra historia, de los componentes de nuestra población, de nuestra cultura, de nuestra vida.
Los hechos del 27 de noviembre de 1871 recordados en las líneas precedentes ratifican la unidad del pueblo cubano en la lucha por su independencia y por la justicia social, unidad que debe triunfar sobre cualquier olvido o manipulación con que se haya cultivado o cultive el imaginario de nuestras tradiciones. No por gusto, en palabras que la carta citada reproduce, un luchador revolucionario que combatió por la liberación de seres humanos y de pueblos enteros en nuestra patria y en África, y murió en Bolivia defendiendo esos ideales, Ernesto Che Guevara, dijo lo que dijo en el discurso con que el 27 de noviembre de 1961 intervino en el acto celebrado para recordar los acontecimientos ocurridos noventa años antes en La Habana.
En esa ocasión el Che sostuvo: “Y no sólo se cobró en esos días la sangre de los estudiantes fusilados. Como noticia intrascendente, que aún durante nuestros días queda bastante relegada, porque no tenía importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cadáveres de negros muertos a bayonetazos y tiros”. Como señal de que “había suficiente fuerza en el pueblo, de que no se podía matar impunemente”, apuntó que también había habido “algunos heridos” en la canalla compuesta por colonialistas españoles y por cubanos apátridas que le servían como Voluntarios. Son hechos que deben tratarse con toda la importancia que tienen.
En uno de los artículos con que di en Cubarte una serie “Contra el racismo”, mencioné el peso de las imágenes. A los cristianos que, según se dice, les aparecen estigmas como fruto de una intensa concentración en su pensamiento religioso, dichas huellas no les brotan en las muñecas, por donde habría que clavar a los crucificados, sino en la palma de la mano, donde las representaciones visuales han fijado tradicionalmente los clavos de Jesús.
Resulta interesante que en una sociedad —marcada por la esclavitud— como la cubana, en la imagen del ícono devenido representación de la Virgen de la Caridad del Cobre dos hombres blancos remen en medio de la tormenta, mientras el negro no hace más que rezar. Aunque ese ser humano fuera un adolescente, surge una pregunta: ¿Sería mera casualidad, o afán más o menos consciente de sublimar la esclavitud en un entorno donde en todo caso los obligados al esfuerzo, o más obligados a él, eran negros? Sea lo que sea, recordemos el lema con el que a modo de sugerencia cierra la carta antes citada: “La lucha continúa…” Completado con “La victoria es cierta”, animó al pueblo angolano en una guerra en la cual lo apoyaron, con su valor y su sangre, numerosos compatriotas nuestros, de diversos colores, y que sirvió para iniciar el fin del apartheid en Sudráfrica, donde próximamente será celebrado el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Entre todos y todas, hagamos cierta la victoria.

Luis Toledo Sande

Publicado el 13 de diciembre de 2010 en Cubarte. El Portal de la Cultura Cubana, como segunda parte de “Otra vez ‘Facciones finas para ser bonito’, y una larga coda”.

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