Un motivo doloroso —la muerte de mi madre el pasado 17 de diciembre, y los desplazamientos y estados de ánimo que ese hecho me ocasionó— me impidieron actualizar la artesa como es mi deseo hacer regularmente y lo he intentando desde su aparición, todavía cercana en el tiempo. Ayer inserté “Evolución y revolución (Detalles en el órgano. I)”, artículo que el pasado 27 dio a conocer Cubarte. El Portal de la Cultura Cubana, y pronto reprodujeron Rebelión y otros medios. Hoy pongo esta nota, para trasmitir a lectoras y lectores, y a sus respectivas familias y amistades, mi felicitación por el año que se avecina, y por siempre.

Algunas veces he pensado, y hasta escrito, que las felicitaciones en el mundo actual, marcado por incertidumbres, crisis, masacres y amenazas de “nuevas” destrucciones, tienen tanto de acto de fe y de esperanza (y de una caridad que debería ser justicia) como quizás pudieran tener también de cinismo. Pero a la larga las felicitaciones son una buena costumbre, aunque la trayectoria de la humanidad no ha estado jalonada precisamente por momentos felices, sino tal vez, sobre todo, por las penurias que, en fin de cuentas, la han obligado a crecer. Y así seguirá creciendo, y buscando salidas a los escollos, desafíos y males que la asedian. De lo contrario, puede marchar hacia su extinción: ya sea por desastres naturales y epidemias o por esas calamidades que son la falta de solidaridad y el desafuero de las ambiciones que conducen a crímenes, incluyendo guerras genocidas.

Frente a todo eso, y del lado de los más elevados valores que la especie ha sabido cultivar y debe seguir cultivando para su propia salvación, debemos entonces felicitarnos sinceramente, desearnos bienestar y ventura, y disfrutar la limpia alegría que se nos proporcione y seamos capaces de cosechar. Esos anhelos solamente pueden ser de veras dignos si ponemos de nuestra parte, y de nuestro todo, o, mejor aún, si ponemos nuestro todo total, para hacerlo realidad sin egoísmo, generosamente.

Con esa perspectiva dirijo mis mejores saludos, mis mejores votos, como dije al inicio, a lectoras y lectores de esta artesa, y a sus amistades y familias respectivas. A unas y a otros saludo como solía hacer en programas radiales que mantuve durante años:

Se despide de ustedes su amigo y colaborador

Luis Toledo Sande

La Habana, 30 de enero de 2010

Fotos del autor

Anuncios