Acaba de aparecer Casa de las Américas. 1959-2009 (© 2011). Una información encabeza los créditos: “Marcia Leiseca, Chiki Salsamendi, Silvia Gil y Jorge Fornet imaginaron este libro. Silvia y Chiki hurgaron en los archivos, Jorge hilvanó el texto. Con el diseño jugó Pepe Menéndez”. A los nombres de otras personas que “abrazaron también” el proyecto, sigue el agradecimiento al Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional y al “entrañable amigo Manuel Copete”, por la materialización —con alta calidad material y artística— de “este sueño”.

La Casa, que con la fértil labor realizada desde su creación en 1959 se ha ganado el apoyo de incontables personas dentro y fuera de Cuba, merece ese lujoso libro, y más. La mueve el deber de dar continuidad a la luz natural y la bravura de su fundadora, Haydee Santamaría, quien la presidió hasta su muerte en 1980. Luego la dirección pasó sucesivamente a manos del pintor Mariano Rodríguez y del escritor Roberto Fernández Retamar, su presidente hoy.

Aunque el volumen tiene trescientas páginas de amplio formato (32 x 24 cm), se le debe reconocer entre otros méritos el de sintetizar tanta información gráfica y textual, con traducciones de esta última al portugués, al inglés y al francés, lo que refuerza su utilidad. En ese logro está la solvencia creativa de Pepe Menéndez para mantener, con garbo propio, la coherencia que durante años cultivó Umberto Peña, y que es parte de la visión integradora mantenida por la Casa también en materia de estética. Esa visión enseña que no procede yuxtaponer, ni en la brevedad de créditos editoriales, “todas las obras de arte” y “todas las fotografías incluidas”.

A un libro proeza duele señalarle minucias, aunque se note, en lo recogido del año 2000 (p. 225, con holgado blanco), la ausencia del Segundo Encuentro Iberoamericano de Revistas Culturales, que organizó la Casa en su sede. O el propio guión del conjunto hiciera preferir para la “Muestra de logotipos diseñados en la Casa” (p. 214) una ordenación que pespunteara la cronología en esa vertiente gráfica. O se estime que, para destacar la presencia española en el concierto por los 40 años (1999) de esa Casa (pp. 222-223), la imagen del coherente Luis Eduardo Aute sería más adecuada que la de Joaquín Sabina.

Incluso alguien pudiera sorprenderse —aunque en otra parte (p. 186) se ve la cubierta de la edición facsimilar del ensayo Nuestra América— por la falta, en la foto de la serie Valoración Múltiple, de los tomos dedicados en 2007 a José Martí, presencia guiadora de la Casa. La foto, que llena dos páginas contiguas (238-239), daba para poner al menos uno de ellos. Si de la Valoración sobre César Vallejo —la otra hecha en dos tomos— incluye el primero, de la de Martí pudo haber acogido al menos el segundo, para seguir la restricción sugerida por el pie, según el cual la serie “se acerca a figuras y temas capitales de nuestra literatura”. Preparado por Ana Cairo Ballester, el tomo 2 de la Valoración sobre Martí atiende su legado artístico-literario, inseparable del histórico-político, tema del primero.

Son detalles que no menguan el aprecio merecido por un libro de lujo, cuya valoración seguirá suscitando páginas. Testimonia media centuria de labor de una institución que continúa su marcha como uno de los grandes frutos de la Revolución Cubana.

Luis Toledo Sande

Publicado originalmente en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2011/05/17/cultura/resena-casa-america.html

Y en el número del 20 de mayo de 2011 de la revista impresa.

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