El 14 de julio de 2004 se inauguró en Bayamo el Museo de Cera, único en Cuba. Gestado en un inmueble del Paseo General Calixto García Íñiguez, donde también se halla su actual sede, nació de la idea de ambientar con elementos de la flora y la fauna del país una sala del Fondo Cubano de Bienes Culturales.

Huellas de ese origen decoran hoy un valioso museo en desarrollo, obra de una familia de Guisa, municipio de la provincia Granma. Rafael y Leánder Barrios Milán eran niños cuando empezaron a modelar la plastilina, entre 1985 y 1988, y hacia 1997 trabajaban ya la cera. Su padre, Rafael Barrios Madrigal, completa el trío y es de formación autodidacta como ellos. Recuerda que, al ver a sus hijos modelar la cera, pensó que les sería útil para realizar las esculturas, hechas con porciones de ese arisco material que se van agregando a una estructura de acero.

El Museo de Cera bayamés se ha hecho siguiendo el entusiasmo creativo de los artistas, más que un guion de lógica diacrónica o temática. Las dos primeras esculturas fueron las de Polo Montañez y Compay Segundo. Entre las que se hicieron luego están las de José Martí —asumido con minucioso respeto, no necesariamente con el resultado más alto—, Sindo Garay, Benny Moré, Carlos Puebla y Bola de Nieve, uno de los mejor representados. Aunque no tan regordete como en sus años finales, y sin el piano de cola que lo identifica y allí no cabría, uno espera que en cualquier momento rompa a interpretar ¡Ay, mama Inés!, o La flor de la canela.

Otras de las figuras presentes son una víctima del terrorismo imperialista: el joven italiano Fabio di Celmo, y un ícono literario estadounidense familiar en Cuba: Ernest Hemingway. De tan real que parece, alguien comentó: “Le acercan un vaso de whisky y se levanta para bebérselo”.

También se ven personajes del folclor urbano local, como Rita la Caimana, inmortalizada en una guaracha de Los Compadres. Este dúo, que definieron Lorenzo Hierrezuelo —Compay primerísimo si los ha habido, sin la catapulta del mercado que relanzó a otros— y el también estupendo Rey Caney, merecería un sitio en un Museo que ha priorizado las imágenes de músicos populares.

En cuanto a figuras históricas, hasta el pasado 20 de octubre el gran ausente era Carlos Manuel de Céspedes, pero desde esa fecha lo representa allí una de las mejores realizaciones del conjunto. No obstante, los mismos escultores —que invirtieron siete meses de trabajo en su labor, más intensos los tres finales, según Barrios Madrigal— han expresado insatisfacción con el atuendo que se les proporcionó para esa obra. Esperan sustituirlo por uno más adecuado a la época del fundador, y a la imagen que se tiene de él.

Ahora, tratándose de Bayamo y, en especial, del Día de la Cultura Cubana, el gran ausente en el Museo ha pasado a serlo Perucho Figueredo. La deuda se podría saldar el 20 de octubre de 2012, pero la próxima figura en plan es la de Rita Montaner.

Los frutos logrados han merecido y seguirán mereciendo grandes elogios, y ganan para Cuba un lugar dentro de una tradición que acumula plazas relevantes en otras ciudades del mundo. El Museo de Cera de Bayamo tiene mérito, gracia, y crecerá. No será obra de poco tiempo, y requiere que se mantenga la pasión con que se ha hecho. Además de perfeccionar detalles, es necesario asegurar una continuidad que encarna un gran desafío. Sus realizadores de hoy abonan la esperanza.

Luis Toledo Sande

Publicadoen Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2011/11/09/cultura/museo-de-cera.html

Y en el número del 18 de noviembre de 2011 de la versión impresa de la revista

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