Además de rozarlo en textos como “No somos leños lanzados al agua”  (Bohemia, versiones digital e impresa) y “Facciones finas para ser bonito, y una larga coda” (de esta artesa digital), al tema del presente artículo he dedicado, en especial, “Seamos humanoascendentes”, “Doce notas a la memoria de Anténor Firmin” y “Al término del Año Internacional de los Afrodescendientes: treinta notas desde Cuba”, difundidos en Cubarte. El Portal de la Cultura Cubana, y reproducidos asimismo en otros órganos.

L.T.S.

El racismo y la discriminación racial son crímenes contra la humanidad, ydeben combatirse. Si se lograse erradicarlos en el planeta, habría que seguir repudiándolos, para que no resurjan. Con ese espíritu será necesario hacer un balance de lo que ha significado la proclamación de 2011 por la Asamblea General de la ONU como Año Internacional de los Afrodescendientes.

Desde que esa proclamación se conoció, hubo quienes la saludaron y a la vez expresaron inquietud, por venir de la misma organización internacional que, Consejo de Seguridad mediante, es manejada por los Estados Unidos. Esa nación –hoy con un presidente mestizo que ostenta el Premio Nobel de la Paz como patente de corso para promover guerras– urde rejuegos en los cuales empuja o arrastra a sus cómplices. Ha ocurrido no solo en las agresiones contra Afganistán, Irak y Libia, y ya se perfilan otros escenarios para la rapiña imperialista.

Instituciones, realidad, ciencia, conciencia

Las fuerzas justicieras no deben permitir que la ONU quede por completo en manos imperiales; pero ¿estará ella en condiciones de asegurar el triunfo de la justicia en alguna parte? Desde hace dos décadas su Asamblea General rechaza de forma rotunda el bloqueo impuesto a Cuba por los Estados Unidos, y la potencia, soberbia, no se da por enterada.

Además de su Pentágono y la OTAN, ella maneja el Fondo Monetario Internacional, que unce pueblos e invierte mucho más para salvar el capitalismo y sus bancos que en limpiar su propia imagen “ayudando” en la lucha contra el hambre en África. Y de África, donde surgió el homo sapiens, no solo vienen los afrodescendientes, sino el conjunto humano.

Hace poco se descubrió el genoma con el cual se confirmó científicamente que no hay razas en la especie humana, sino diversidades generadas por condicionamientos varios. Pero a la discriminación y a los intereses que medran con ella los beneficia la prosperidad del concepto mismo de discriminación racial. Este, por inercia, valida en los intersticios de lo inconsciente la idea de que la humanidad está dividida en razas.

El traslado del concepto raza de los estudios zoológicos a la sociología se hizo en las arremetidas de “descubrimientos”, colonización y conquista de África y América por la Europa cuna del capitalismo. En ese camino, con 1492 como hito, y extendido a Asia, las fuerzas dominantes hallaron asideros para sus intereses.

Los “negros”, “cobrizos” y “amarillos” fueron presentados como inferiores a los “blancos”, quienes tendrían que “civilizarlos”, o “humanizarlos”, látigo y cruz mediante. Los colores se esgrimieron para encubrir diferencias directamente asociadas a la división de la sociedad en clases, con la cual el racismo guarda una intrincada relación.

Patria, universo, equidad

Mucho antes de conocerse el genoma aludido, hubo quienes negaron la existencia de razas en la humanidad. En su ensayo Nuestra América (1891) José Martí sostuvo: “No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre”.

Aplicó esa idea al caso concreto de Cuba, donde la unidad patriótica necesitaba vencer secuelas de la esclavitud cromatizada. En Patria del 16 de abril de 1893 publicó un artículo cuyo título entrecomilló, para cuestionar el concepto utilizado en él: “Mi raza”. Junto a otros criterios emancipadores, afirmó: “peca por redundante el blanco que dice: ‘mi raza’; peca por redundante el negro que dice: ‘mi raza’”.

Así llegó a esta generalización: “Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad […] Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”. Iluminado por esas ideas cardinales, Fernando Ortiz escribió El engaño de las razas (1946).

Aunque pudiera parecer que en Cuba los juicios martianos citados, y otros, se han repetido hasta el exceso, recientemente en un órgano del país alguien sostuvo que son poco conocidos. Lo más probable es que la conciencia colectiva no haya asimilado su luz con toda la intensidad que ellos y el autor merecen, y la nación necesita.

Color de humanidad

Investigaciones varias confirman lo que a simple vista se aprecia: Cuba es un país demográfica y culturalmente mestizo. La huella de su población originaria –que el brutal régimen esclavista llamado de encomiendas no aniquiló por completo– en algún grado perdura mezclada con ingredientes españoles, africanos y chinos. Sin ellos no se explicaría la sociedad cubana, donde constituye una ficción ser “blanco”, color que en realidad ninguna persona tiene, salvo que padezca vitiligo.

La trata esclavista la practicaron traficantes “blancos” y “negros”. Los primeros compraban en África presas “negras” a mercaderes de igual color, y las vendían en América. En Cuba –con una historia inseparable de la propia de otras tierras americanas–, además de contramayorales “negros” hubo una burguesía “negra” esclavista, que no por minoritaria debe desconocerse. Expresión de un sistema socioeconómico, la formaron “negros” y “pardos” que servían en el ejército colonialista y explotaban a esclavos de su misma condición étnica.

Frente a eso, la unidad nacional se forjó en luchas independentistas y abolicionistas multicromáticas, en las cuales un oficial libertador, “blanco” o “negro”, podía tener de ayudantes –orgullosos de serlo– a profesionales “blancos” y de “buena cuna”. Tal fragua merecía dar frutos mayores que los cosechados en la Repúblicaneocolonial, coyundeada por los Estados Unidos.

Los grandes propósitos no deben confiarse al furor de una campaña transitoria, pero si un Año Internacional de los Afrodescendientes  favorece el desarrollo de la conciencia indispensable para erradicar en el mundo la discriminación racial y el racismo, alabado sea. El saludo no le faltaría en Cuba, donde no fue necesaria la mediación de la ONU para que, desde su triunfo, la Revolución se trazara entre sus primeros objetivos la lucha sincera y permanente contra aquellos males.

Constancia hacia la luz

Lejos de conformarse con los logros alcanzados, la Revolución Cubana procura erradicar los déficits que subsistan en la eliminación del racismo. Ellos resultan inaceptables por mínimos que sean, pero es doloroso e injusto que a veces, incluso desde dentro, se magnifiquen como si pudieran compararse con la opresión que sufren otros pueblos.

La rebeldía ante toda injusticia es una virtud. Pero tampoco se debe olvidar que, a lo largo de siglos, los imperios han sabido valerse de una máxima: “Divide y vencerás”. Hoy a los césares de turno les convendría fabricar disturbios o al menos imágenes que les sirvieran de pretexto para intervenir en Cuba. ¿Estaría la ONU en condiciones de impedirlo? ¿Lo vetaría el Consejo de Seguridad?

El mestizaje cultural en Cuba es más relevante que el puntillismo genético, tan caro al racismo, máxime en sus extremos fascistas.

Si es importante saber de dónde venimos, mucho más lo será saber hacia dónde vamos o debemos ir. A Cuba –donde es común ser a la vez afrodescendiente, hispanodescendiente, chinodescendiente, y poco o nada aportaría determinar con qué proporción en cada caso– la marcha revolucionaria la pone en mejores condiciones que las que tienen otros países para cultivar la dignidad humana, y crecer en ella.

Con pasión, y sin odios capaces de alimentar males que deben combatirse, extírpese de raíz el racismo, que hasta en meandros “humorísticos” encuentra recovecos para enmascararse. Se ha de procurar que 2011 no haya calzado en el mundo, ni particularmente en Cuba, divisiones y resquemores. Lo que se necesita son ganancias de pensamiento para vencer serios e ineludibles desafíos, y el dilema estriba en ser o no ser humanoascendentes.

Luis Toledo Sande

Publicado en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2012/01/10/opinion/afrodescendencia.html

Anuncios