Las expectativas generadas por La historia de Juan Lennon podrían explicarla diversos resortes, como el anuncio de buenos actores y música de John Lennon y Paul McCartney interpretada en vivo. El título mismo podría sugerir como asunto central la vida del primero de esos artistas, quien, inicialmente sospechoso para desconfiados y conservadores —incluida la aristocracia británica—, paró en los Estados Unidos espiado por el FBI y asesinado por un sicópata, calificación que en el violento país suele darse a quienes cometen linchamientos políticos.

Pero la acogida del público evidencia un juicio consciente ante el saldo logrado. Ciertamente los actores, Mariela Bejerano y Michel Labarta, cumplen su cometido, en especial la primera, y el acompañamiento musical favorece la atmósfera comunicativa. Lo aportan aficionados —estudiantes de la Universidad de La Habana— que cultivan el rock, a menudo con números propios en lengua española, como su nombre de grupo: Miel con Limón.

La puesta es señal de profesionalidad en el equipo, encabezado por Enriquito Núñez Rodríguez con apoyo de colaboradores como Juan Carlos Rivero en la música incidental y la dirección musical, y Beatriz Viñas en la asesoría dramática. El apoyo cinematográfico añadido viene de la mano del documentalista Carlos León, asistente de dirección en esta empresa.

Así llega al público el texto de Pepe Piñeyro sobre Juan Pérez, personaje que, salido por el Mariel, fue un inadaptado en su país y en Miami no halló la realización ansiada. Allí hasta le cambiaron el nombre las autoridades migratorias: él, con desconocimiento del inglés, sentimiento de desamparo y veneración del exbeatle –lo invocó como a un santo en la confusión de la llegada–, ocasionó su rebautizo: Juan Lennon Pérez.

Cuando muere en Miami, ha testado el deseo cuya realización sentía necesaria para alcanzar la conciencia de libertad que no tuvo en vida: regresar a la patria, aunque convertido en cenizas: estas debían esparcirse alrededor de la estatua que en un parque habanero recuerda a su ídolo John Lennon. Las peripecias de Carmelina —su viuda, también cubana emigrada— para cumplir la voluntad de Juan, son la trama de la obra, y no hay que contarla a quien la vio. Menos aún a quien no la haya visto.

La nación lo es con su emigración —no con quienes estén por destruirla o disolverla—, y tiene en obras como esta, escrita por un cubano residente en los Estados Unidos, y llevada a las tablas por artistas y técnicos que viven en la patria, el modo de contribuir a que la cultura cubana se conozca en la amplitud de su desarrollo y en sus heterogéneas vibraciones, pese a obstáculos alimentados por el bloqueo y la hostilidad del imperio.

En el Centro Cultural Bertolt Brecht se ha visto que La historia de Juan Lennon no soslaya desgarramientos vinculados al acto de emigrar, a confrontaciones en que es difícil no cometer errores y a conductas personales ineludibles. Pero, moviéndose con frescura del drama a la comedia, cultiva la cordialidad fundadora, no resentimientos que harían pensar en lo previsto por José Martí cuando en sus circunstancias revolucionarias —de las que venimos— se refirió al “patriotismo de polvos de arroz” de quienes se echarían atrás “so pretexto de que los pueblos, en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina”.

Por la acogida que ha merecido La historia de Juan Lennon, y por sus aciertos, se habla de reservarle otra temporada. Para representarla en Cuba se creó Teatro de las Dos Orillas, grupo dirigido por Núñez Rodríguez, quien ya amasa nuevos planes.

Luis Toledo Sande

Publicado originalmente en la versión digital de la revista Bohemia:

http://www.bohemia.cu/2012/08/10/cultura/teatro-desventuras-lennon.html

Aparecerá asimismo en la edición impresa de la revista.

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