Pueden disfrutarse en soporte digital los cuatro números, aparecidos en Nueva York entre julio y octubre de 1889, de La Edad de Oro, revista destinada al público infantil de nuestra América. En su afán por favorecer el conocimiento de lo más alto de la cultura del país, en 2002 Cubarte dedicó a esa publicación martiana una útil multimedia. Para responder a la demanda creada por esta, la reeditó en 2011, aunque la nueva salida comenzó a circular en el presente año.

Contiene propiamente dos ediciones del mensuario: una, preparada para la multimedia; otra, la reproducción facsimilar —por separado los cuatro números, que no deben llamarse revistas— de la edición original. Las ilustraciones de esta última son utilizadas también en aquella y en el conjunto del fruto de Cubarte, que al encanto de la obra de José Martí añade el fondo musical compuesto por la trovadora Rita del Prado.

Como la generalidad de los textos martianos, La Edad de Oro ha confirmado la capacidad del autor para respetar los años y otras características del público y, al mismo tiempo, lograr una comunicación que felizmente sigue rompiendo barreras. La reproducción facsimilar de la edición príncipe de la revista permite conocerla con las normas ortográficas y ortotipográficas de la época en que Martí la concibió, y ello es también un reto fértil, en especial para públicos de determinadas edades y formación, mientras que el fin expreso de Cubarte es llegar a niños de entre siete y once años.

Entre las secciones de la multimedia se halla “Sobre figuras y lugares célebres”, planeada para facilitar la comprensión de los textos; y “Las edades de una Edad”, que, necesitada ya de actualización —y tal vez afinable en datos— recorre la rica trayectoria de ediciones que ha tenido la publicación.

A la manera de exámenes escolares, “Juegos” reúne ejercicios para comprobar la fijación de conocimientos. Al “Glosario”, útil no solo para el público al que se destina especialmente, se accede por directo o durante la lectura: desde los términos considerados por los editores como de previsible dificultad. Esta multimedia seguirá teniendo demanda, y cabría esperar una nueva edición, navegable con la agilidad facilitada por las crecientes bondades funcionales de la tecnología.

El carácter bilingüe del producto saludado sugiere, por la presencia del inglés, la noción del poder expansivo de esa lengua, y recuerda el entorno neoyorquino en que Martí creó La Edad de Oro, además de proponer un paso hacia versiones en otros idiomas. Al público anglófono pudiera darse, en vez de la edición facsimilar de la revista, o —además de ella–— The Golden Age, traducción publicada por la Editorial José Martí: la cuidadosa reproducción del formato, el diseño, el emplane y la tipografía de la edición príncipe le otorga carácter semifacsimilar.

Martí, que tenía el don de lenguas, promovió la asimilación de la ciencia y la tecnología por caminos propios. A las nuevas generaciones de cubanas y cubanos las beneficiaría el familiarizarse con nuevos recursos tecnológicos y modos de lectura, y ampliar sus saberes de idiomas, leyendo textos martianos como los reunidos en La Edad de Oro.

Junto con las fronteras etarias, la letra y el espíritu de esas páginas rebasan también las geográficas, culturales y de época. Pablo de la Torriente Brau, modelo de ser humano en tantos órdenes, se enorgullecía de haber aprendido a leer en el inmortal mensuario. Es un ejemplo.

Luis Toledo Sande

Publicado originalmente en la versión digital de Bohemia:

http://www.bohemia.cu/2012/07/31/cultura/Multimedia-Edad-de-Oro.html

y en el número correspondiente al 10 de agosto de 2012 de la revista impresa.

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