SONY DSCLa muerte de alguien que es parte importante, fundamental, de nuestra vida puede llevarnos a incurrir en actos de injusticia. Que la persona con quienes somos injustos comparta con uno plenamente el dolor que motiva tales actos, no mengua el peso de estos, aunque sean involuntarios. Hasta donde resulte posible, subsanar uno cometido por el autor es el propósito de la presente nota.

Sin dar respuesta a ninguno de ellos, he reproducido en la artesa los comentarios llegados directamente a ella, no los recibidos por otros medios, sobre el artículo “Para Laura, siempre”. Aunque por vía privada los he agradecido todos a las personas que los remitieron por un camino o por otro, lo hago públicamente aquí también, aunque sea de conjunto, sin nombrar a sus autores, para que quienes hayan visto o vean los de la artesa no me supongan ingrato. Pero a uno de esos comentarios en particular deseo y debo referirme ahora.

Una de las amigas que escribiron a la artesa me hizo notar que todo el dolor acumulado en diciembre, por muy cruel que haya sido, y es, no debe hacerme olvidar que ese mes también representa para mí la vida: en él, en 1984, el día 4, nació Claudia, quien, además de compartir la perpetuación de su única hermana, mi otra hija, en la eternidad de la memoria, es pilar para un padre que en ella tiene un acicate vital que asumir y respetar. Solo después de hacer ese reconocimiento puedo volver con la artesa a los temas para los cuales la puse en marcha en 2010, hace ya algo más de dos años. Fue en octubre, precisamente el mes en que, el día 4 asimismo, en 1982, nació Laura. Con su recuerdo permanente, y con Claudia representando la vida, retorno en este espacio a los temas que deben seguir ocupándolo. ¡Gracias, Claudia!

La Habana, 21 de enero de 2013

Luis Toledo Sande

La imagen: Claudia, el 30 de noviembre de 2012, en la Facultad de Estomatología de la Universidad de La Habana, cuando defendía la tesis con que se graduó de especialista en Ortodoncia, segunda especialidad en su carrera de estomatóloga. Foto tomada con la misma cámara y por las mismas manos amigas que tomaron la primera de las que ilustran “Para Laura, siempre”.

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