Albizu Campos en el lecho de muerteCada quien reaccionará a su modo ante el “saludo” que espera al viajero en el Aeropuerto Internacional de San Juan, Puerto Rico: “Usted ha llegado a territorio de los Estados Unidos”. Quien sea de Cuba, disfrute su independencia y sepa que a ella contribuyeron hijos e hijas de Puerto Rico, lo recibirá con un desgarramiento, sumado al de necesitar visa de la metrópoli imperial para entrar en el hermano país. ¿Qué sentirán puertorriqueñas y puertorriqueños que aspiren a tener una nación libre, independiente?

Con esas ideas entré el pasado 27 de junio en San Juan, invitado a participar en el homenaje al prócer independentista Pedro Albizu Campos en su aniversario 120, cumplido el 29 de ese mes. Uno de los actos principales fue mi más singular experiencia puertorriqueña, y una de las más insólitas de mi vida: hablar desde el púlpito en la Catedral Metropolitana de San Juan Bautista, en una misa.

Como no religioso, y por respeto, temía decir algo que para la feligresía fuera una blasfemia. Pero cuando, al iniciar la que pudiera llamarse parte laica de la misa, Rosa Meneses Albizu Campos, nieta del héroe, anunció también desde el púlpito el turno del saludo cubano, ya me sentía con razones para estar más tranquilo.

Una misa singular

En el preámbulo de la misa —a la que puso eficaz fondo musical la Orquesta Juvenil del Municipio de San Juan— habló el monseñor José Emilio Cummings, rector de la Catedral. Comenzó diciendo: “En Puerto Rico se habla mucho y se hace poco”. El mensaje lo hizo más claro aún la homilía del sacerdote oficiante, fray Mario Rodríguez León, de la Orden de Predicadores Dominicos, que lo sitúa en la herencia del fraile Bartolomé de las Casas. Es párroco de la iglesia Jesús Mediador, que, edificada en 1962 en el sector El Volcán, de Bayamón, tiene techo y columnas, no paredes.

De conocido nacionalismo, el padre Mario, como se le llama con veneración y familiaridad, pidió a sus compatriotas “revisar los pecados que hemos cometido, pero sobre todo los pecados que hemos cometido contra la nación puertorriqueña”. Respaldado por aplausos de la concurrencia —en la cual se veían camisetas con reclamos de libertad para Oscar López Rivera, encarcelado en los Estados Unidos hace 32 años—, citó al escritor comunista, ya fallecido, César Andreu Iglesias, quien definió a Pedro Albizu Campos como “la conciencia de Puerto Rico”.

El sacerdote enfatizó una convicción del héroe, célebre por su radicalidad revolucionaria, y católico ferviente: “¡La colonia no aguanta más!”. Con razón la prensa difundió este llamamiento del fraile desde el altar mayor de la Catedral: “Nada tan terrible como cuando se pierde la conciencia de un pueblo. Pero ¿qué es la conciencia? La conciencia tiene que ver con el conocimiento que se tiene de su propio ser. Hoy nos mueve no solo el auténtico patriotismo, sino que reflexionamos sobre nuestro proyecto de pueblo, nación y país. La colonia puertorriqueña ya no aguanta más. Tenemos que erradicar el terrible mal del colonialismo”.

Al saludar como cubano a la multitud religiosa y patriótica, expresé agradecimiento a él y al monseñor Cummings. Me habían relevado en la tarea de emitir criterios que suponía acaso impropios en una atmósfera signada por la devoción, y que resultaron pálidos ante los discursos de ambos sacerdotes.

Ellos me propiciaron decir que, para causas como la independencia de Puerto Rico, es también aleccionador el ejemplo de quienes defienden los valores del cristianismo originario, negados o burlados durante más de veinte siglos por fuerzas opresivas dominantes. Con fundamento moral se ha dicho que lo más merecedor de defensa son las causas perdidas, pero la dignidad y la justicia deben considerarse causas que aún no han triunfado en el mundo, y cuya victoria urge para que la humanidad se salve. Necesité contener la emoción ante un macizo aplauso, que sentí destinado enteramente a Cuba, y ante el fuerte abrazo del padre Mario.

Peregrinación

Ante su tumbaDe la Catedral fuimos en romería, bajo un sol tórrido, hasta el cementerio de Santa Magdalena de Pazzis, para continuar el homenaje a don Pedro. Grande era la multitud, y abundaban policías motorizados. Un puertorriqueño que conoce bien a las fuerzas armadas estadounidenses —trabajó durante años en sus oficinas de Puerto Rico—, musitó reiteradamente: “¡Cómo nos cuidan!”

Junto a su tumba se le dedicaron al héroe canciones, y un discurso del jurista Gilberto Concepción Suárez, quien recordó los vínculos entre su padre, Gilberto Concepción de Gracia (1909-1968), y Albizu. Fundador del Partido Independentista de Puerto Rico, Concepción de Gracia ha merecido que se le llame el abogado de la patria, como en el título de un libro publicado en 2011.

En la misa y en el cementerio, y en otros encuentros, estuvieron presentes varios familiares de Albizu Campos, entre ellos Eyleen, de origen irlandés, viuda de Pedro, el hijo de aquel. Pedrito —como lo llamaban sus amigos en Cuba— se casó con ella en segundas nupcias, cuando la superaba en cerca de 30 años. Emocionada, Eyleen me dijo: “Fue mi primer gran amor, mi único amor”, y recordó algo que él le contaba de su juventud en La Habana: “Era amigo de Fidel, y salía con él por las calles, incluso una vez lo ayudó a mudarse de apartamento, cuando a muchos les daba miedo ser vistos junto al revolucionario que ya sobresalía”.

La conferencia

El lunes siguiente, 1 de julio, tuvo lugar en el salón de actos del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe la conferencia que en nombre de esa institución se me había invitado a ofrecer, con la sugerencia de que tratara los posibles nexos entre Albizu Campos y Martí. Para hacerlo me basé en el probable vínculo central entre el luchador antimperialista cubano, muerto en combate el 19 de mayo de 1895, y el puertorriqueño, nacido el 29 de junio de 1893.

Más allá de posibles lecturas, que hay razones para no descartar, y de afinidades y diferencias explicables por coincidencias de propósitos y particularidades personales y de contexto, la relación estaría en la continuidad de afanes dentro de una línea forjada al calor de las luchas independentistas desde el siglo XIX. Por eso titulé la conferencia Pedro Albizu Campos desde José Martí: la familia antillana.

Me referí, entre otros hechos, al lúcido y honrado afán con que luchadores como el eminente puertorriqueño a quien se rendía tributo procuraron combinar radicalidad y unidad. El imperio —que sataniza aviesamente el primero de esos conceptos, identificándolo con violencia criminal y terrorismo— capitaliza la desunión entre quienes deben enfrentarlo e incluso están dispuestos a combatirlo.

Al final vibraron múltiples expresiones de elogio a la actitud de Albizu Campos y de quienes lo acompañaron o —como Filiberto Ojeda Ríos, asesinado fríamente en 2005 por armas imperialistas— lo siguieron en el camino abierto por Martí y, entre otros, Ramón Emeterio Betances. Este, promotor del Grito de Lares en 1868, apoyó, anciano ya, los preparativos del alzamiento de 1895 en Cuba, como representante en París del Partido Revolucionario Cubano que Martí fundó.

Cuando se produjo el levantamiento, Betances exclamó: “¡Qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan!” Lo sabía necesario para salvar su nación, y lo intentó Albizu después. Esa historia explica el apoyo brindado al conferenciante cubano con un ardor que se expresó también en pronunciamientos contra el imperio y de admiración a Cuba, y en la exigencia de liberar a sus luchadores antiterroristas encarcelados en los Estados Unidos.

Los familiares de Albizu Campos que gestaron el acto —en su mayoría, ellas— merecen que incontables instituciones y, sobre todo, un Puerto Rico independiente, no tarden en presentarles activa emulación en el afán de mantener vivo un legado que —como los de Simón Bolívar, Martí, Ernesto Che Guevara y otros de esa estirpe— no debe dejarse a la mera responsabilidad familiar: le pertenece, cuando menos, a un pueblo.

Otros encuentros

Asimismo el autor recuerda lo que apreció en la Asamblea del capítulo puertorriqueño de la Asociación Americana de Juristas (aquí el gentilicio significa de todas las Américas, no de los Estados Unidos); en la sede del Partido Independentista de Puerto Rico, donde lo recibieron el presidente, Rubén Berríos Martínez, y otros líderes; en la Universidad Interamericana, donde la profesora Silvia Alberti, cubana de ley, fundó una Cátedra Martiana, y la mantiene viva.

¿Olvidar los encuentros con los investigadores y profesores Antonio Gaztambide-Géigel, Félix Córdova Iturri y Arsenio Suárez Franceschi? ¿O el concierto que el 2 de julio —en saludo al aniversario 202 de la proclamación de la independencia de su patria, que se cumpliría el 5 siguiente— ofreció el médico y cantante venezolano Jesús Sevillano Ferraz?

Diplomático por petición del comandante Hugo Chávez, Sevillano Ferraz es cónsul general de su país en Puerto Rico. El concierto —en el que también brilló con su piano otro hijo de Venezuela, el joven Iván Briceño— tuvo como invitados de lujo a cuatro puertorriqueños: tres instrumentistas y el intérprete Danny Rivera, quien rindió homenaje explícito al luchador Albizu Campos.

El regreso

¿Y el futuro de ese país? Cabe discutir si en la guerra actual, con armas de enorme alcance, las bases militares mantienen la misma utilidad de hace décadas; o si los Estados Unidos pueden seguir arrancándole a la colonia los recursos que ya le saqueó hasta agotarlos. Recientemente la empresa Walgreens, una cadena más de supermercados estadounidenses, aunque se presente como especializada en el comercio farmacéutico, ha dado un golpe demoledor a ese sector puertorriqueño. La auxilió el Tribunal Federal, yanqui, que desestimó la ley boricua por la cual una farmacia debía tener certificados de necesidad y conveniencia antes de ser autorizada a instalarse.

Ya años atrás los Estados Unidos habían dejado a Puerto Rico sin agricultura. De ahí que hoy haya jóvenes en busca de tierras para ponerlas a producir. Quizás reaccionan ante la crisis económica, sistémica, por la que al imperio le será más difícil subsidiar el desempleo para mantener ese territorio como base militar y abasto de soldados en sus guerras. Pueden actuar contra las manipulaciones genéticas de la agricultura que el amo fomenta en pos de mayores ganancias. Pero, al recuperar la agricultura perdida, ese movimiento de jóvenes pudiera abrir caminos.

¿Acabará el gobierno de los Estados Unidos “desentendiéndose” de la colonia caribeña que hizo suya a la fuerza en 1898? Él no respeta la legalidad internacional: ha desatendido —es una muestra— las numerosas veces que la Asamblea General de las Naciones Unidas ha condenado rotundamente el bloqueo impuesto a Cuba. Dígase otro tanto sobre los reclamos de independencia para Puerto Rico hechos, con permanente apoyo cubano, en el Comité de Descolonización de la propia ONU.

Al más reciente de esos reclamos lo precedió un plebiscito —nuevo Grito de Lares, se ha dicho— en el que la mayoría de la población, generalmente maniatada por las circunstancias en las consultas sobre su estatus, reconoció que su país es una colonia, cualesquiera que sean las máscaras fabricadas por el imperio con ayuda de sus servidores. No es posible que quieran ser colonia tantas personas fieles al alma puertorriqueña.

El apoyo cubano a la independencia de esa nación viene de la herencia martiana, dentro de la cual en 1927 se creó en La Habana, con el estímulo de la visita de Albizu Campos a Cuba, la Junta Cubana Pro-Independencia de Puerto Rico, presidida por Enrique José Varona. Una foto de entonces muestra a Albizu y Varona acompañados por Emilio Roig de Leuchsenring, vicepresidente de la Junta, y por Juan Marinello, Alejo Carpentier, Mariblanca Sabás Alomá, Jorge Mañach, José Antonio Fernández de Castro y otros.

En todo eso pensaba el cronista al volver a Cuba por el mismo aeropuerto de la llegada, nombrado Luis Muñoz Marín en premio a uno de los peones que sirvieron al imperio contra Albizu Campos. Por azar emprendí el regreso el 4 de julio, efeméride festiva impuesta en la patria de Eugenio María de Hostos, Betances y Albizu, de Rafael Cancel Miranda, Lolita Lebrón y Oscar López Rivera, para celebrar la independencia disfrutada desde aquella fecha de 1776 por el voraz país que priva de la suya a Puerto Rico.

Luis Toledo Sande

Publicado en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2013/09/06/historia/albizu.html

y en la edición impresa de la revista correspondiente al 20 de septiembre de 2013

Primera foto: En el lecho donde moriría el 21 de abril de 1965, el luchador que para entonces ha sufrido 21 años de prisión, durante los cuales le aplicaron radiaciones para aniquilarlo, abraza la bandera de su patria (Archivo de la revista Bohemia)

Segunda foto: Laura Albizu Campos Meneses se apresta a depositar sobre la tumba del héroe la primera flor del homenaje. “Las rosas blancas eran las flores preferidas de mi padre”, dijo. ¿Cómo no recordar a José Martí? (Cortesía de Wilma Crespo )

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