Foto de Gabriel Dávalos, tomada de CubadebateFernando Alonso (1914-2013) fue un bailarín destacado, pero su mayor significación para la danza radica en su aporte al nacimiento de la escuela cubana de ballet, estímulo a su vez para la generalidad de las expresiones artísticas en la esfera del baile. Ese camino lo recorrió desde el comienzo junto a otra figura excepcional, Alicia Alonso, y ambos alcanzaron la excelencia con talento y tenacidad a toda prueba.

Fernando, quien llegó al ballet luego de haber dedicado energías al deporte —gimnasia, fútbol, boxeo—, devino maestro. Fue una suerte de escultor en el trabajo hecho para que su compañera, quien durante décadas lo sería también en la vida, brillara individualmente y como cenit glorioso, que felizmente sigue siendo por su magisterio, de un colectivo que ha impresionado al mundo y es motivo de orgullo para la nación.

En 1973, en uno de sus Diálogos con la danza (libro con varias ediciones posteriores a la ruptura del vínculo matrimonial entre ellos), la ya entonces legendaria bailarina, igualmente maestra cimera, emitió juicios similares a los que el propio Fernando sostuvo siempre con ejemplar caballerosidad. La dueña de Giselle, El lago de los cisnes, Carmen y otras joyas se refirió al papel de ambos en la formación de la mencionada escuela: “En los distintos pasos, yo he sido el modelo. Fernando experimentó en mí”.

Con voluntad de ponderación, hasta se extremó buscando una imagen eficaz para plasmar esa idea: “Yo he sido el ‘conejillo de Indias’”. Pero ¡qué conejillo! Párrafos después encuentra una formulación precisa al hablar de lo que su personalidad como bailarina representó para el trabajo de su compañero: “Yo creo que sí, que ha desempeñado un papel de suma importancia”, porque “el arte del ballet entra por los ojos. Y […] el gusto de Fernando se formó precisamente con lo que me veía bailar”.

Sobre esas bases —que reforzó asimismo un hermano de Fernando, Alberto, de alta contribución como bailarín y, sobre todo, como coreógrafo— nació en 1948, calzado por una ya rica experiencia dentro y fuera de Cuba, el Ballet Alicia Alonso. Luego se creó la Academia de Ballet de igual nombre, encaminada a garantizar la continuidad de la agrupación con bailarines formados a partir de una metodología que captó la manera cubana de vivir el baile.

En 1955, ratificando su firmeza patriótica, la compañía se autobautizó Ballet de Cuba. Al año siguiente se vio forzada a disolverse porque se le privó del financiamiento estatal que había conseguido en 1950. Pero ya, gracias en primer lugar a la calidad y a la orientación que le imprimieron sus pilares fundadores, se había ganado del pueblo el respeto y el apoyo expresados en la velada que, a manera de desagravio, se le dedicó el 15 de septiembre de 1956 en el estadio universitario habanero.

Ese hecho fue un anticipo del reconocimiento que hallaría en la Revolución, la cual en el propio 1959 propició que la agrupación resurgiera como una de las grandes insignias de la cultura nacional. Tal respaldo no menguaría el papel de las individualidades creadoras, sino que garantizó la efectividad de su afán. En el diálogo citado expresó Alicia: “cuando se habla del Ballet Nacional de Cuba, ya es otra cosa diferente. Porque ya no es un individuo, sino un pueblo”.

El fallecimiento, el pasado 27 de julio, de Fernando Alonso, uno de los orfebres de esa obra, motiva pensar especialmente en él, quien, entre otros reconocimientos, recibió de su país la Orden Félix Varela, el título de doctor honoris causa del Instituto Superior de Arte y el Premio Nacional de Danza. Y, sobre todo, convida a pensar en la certidumbre de que en cada triunfo del Ballet Nacional de Cuba perdurarán los frutos de sus enseñanzas, no solo hasta 1974, cuando terminó su labor en esa compañía, tras lo cual dirigió durante años el Ballet de Camagüey y contribuyó al desarrollo de otros colectivos dentro y fuera de Cuba.

Imborrable huella ha dejado en la danza, y más allá de ella, un patriota de ley, un artista política y estéticamente revolucionario.

Luis Toledo Sande

Escrito y entregado para su edición a raíz de la muerte de Fernando Alonso, se publicó el 15 de octubre de 2013 en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2013/10/15/cultura/fernando-alonso.html

Y aparecerá también en la edición digital de la revista.

En la foto, de Gabriel Dávalos y tomada de Cubadebate, el maestro aparece con una de sus discípulas, Grettel Morejón, primera solista del Ballet Nacional de Cuba.

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