De izquierda a derecha, Fisín y Víctor Manuel. Foto: Martha Vecino

De izquierda a derecha, Fisín y Víctor Manuel.
Foto: Martha Vecino

En la madrugada del pasado lunes 4 de noviembre me senté frente a la computadora para trabajar, y recibí copia del mensaje con el cual mi colega y amigo Víctor Manuel González Albear, a quien Bertolt Brecht habría incluido entre los imprescindibles, ratificaba que por la tarde le serían celebrados los noventa y cinco años al doctor Luis Carlos García Gutiérrez, ampliamente conocido como Fisín. De un tirón escribí, para responderle a Víctor, dos décimas que enseguida le envié. Pronto él me hizo saber que se las había leído por teléfono a Fisín, y este se había emocionado.

“La segunda”, añadió Víctor en la nota que me hizo llegar, “se la tuve que leer dos veces, y quedó encantado”. No esperaba el autor que las presurosas décimas tuvieran un premio tan honroso. Luego, ya en la celebración —hecha casi frente a la casa de Fisín, junto al sitial martiano levantado en enero de este año gracias al tesón de Víctor, y la colaboración del vecindario, en el área del CDR # 5 Ñico López, calle 45A, Nuevo Vedado— corroboré lo que ya sabía: esos veinte octosílabos son un palidísimo indicio de la alta estimación que Fisín se ha ganado con su larga vida, y que le han reconocido o reconocen instituciones del país y gran cantidad de personas que han tenido ocasión de aquilatar su ejemplo. En la fiesta de cumpleaños estaba él con su impresionante vitalidad y su rostro como de niño, en el que alternaban el asombro y la gratitud, y alguna lágrima estuvo a punto de salir. ¿No brotó?

Allí, mientras veía lo bien cuidado que, con el concurso de vecinos, en primer lugar el activísimo Pedro Era, se mantiene el espacio dedicado a José Martí, y recordaba su inauguración —en la que tuve el honor de intervenir por indeclinable invitación de Víctor—, se me ocurrió sacar las décimas del cajón virtual y ponerlas al alcance de otros ojos. Con algo de involuntaria demora lo hago en la artesa, y no les pongo título, para que aparezcan como nacieron: rapto de una pronta respuesta, sin intención ni sospecha de publicidad. Después de ellas pongo las espléndidas que Víctor dedicó a Fisín y reprodujo en su mensaje aludido al inicio de estas líneas. Son las que leyó para los presentes en el merecido agasajo, durante el cual se disfrutó el aporte artístico de niñas y niños de la Escuela Gustavo y Joaquín Ferrer de Blanck, y de una banda de música que representó al pueblo uniformado. Otros tributos a Fisín fueron aportados por organizaciones y vecinos. Uno de estos últimos, el artista Pedro García Espinosa, le obsequió un retrato, pintado por él, del luchador Aracelio Iglesias. Pero no abundo en lo que allí ocurrió, porque de eso se encargará Liset García en la revista Bohemia, para la cual también estuvo allí Martha Vecino tomando fotos. Una de ellas ilustra esta página.

Si dejo las décimas de Víctor para el final no es por gesto descortés, que sería imperdonable, sino para que en lectoras y lectores quede como saldo el sabor de un torrente versal que testimonia la fructífera existencia de Fisín, incluida su condición de pionero en la investigación sobre células madres, y su empleo.

He aquí las décimas que hablan de Fisín y dirigí a Víctor:

Plena madrugada, y yo

te respondo emocionado:

¿cómo no estar a tu lado

si el reclamo me caló?

Quien trabaja y trabajó

defendiendo la ilusión

merece que el corazón

de compas y compatriotas

se calce muy bien las botas

de hacer la revolución.

Si cambian los tiempos y

muchos piensan que la edad

de luchar por la equidad

es ya sueño baladí,

que no hay esperanza ni

meta fuera del bolsillo,

que no hay futuro con brillo

si no produce dinero,

riposta Fisín entero

con su hoz y su martillo.

Luis Toledo Sande

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Y aquí, de Víctor Manuel González Albear, el retrato de un coronel que tiene quien le escriba:

95 Y PA’LANTE

I

Puertorriqueñas e hispanas

sus raíces ancestrales,

pero mojó los pañales

de una cuna cubana.

En el Lawton, de La Habana,

se hizo niño agricultor,

eficiente ordeñador,

y un político precoz…

Con el martillo y la hoz

Soñaba un mundo mejor.

 II

Por Mella se hizo martiano

y vio un futuro optimista

como joven comunsta

y, ante todo, buen cubano.

Al pobre sintió su hermano.

Odió al racismo inhumano.

Del que lucha, solidario.

Y al humilde proletario

tendió su sincera mano.

III

Estudiante y empleado

a temprana adolescencia,

modelaba su conciencia

en accionar enfrascado.

Casi niño fue arrestado

y conoció la prisión,

pero ni la represión,

y ni amenazas mayores

le apagaron los ardores

de hacer la revolución.

IV

Graduarse profesional,

pese a su magra entrada,

era meta batallada

con estoicismo triunfal.

Sin esperar al final,

ejerció de practicista,

fue estudiante-dentista,

ganó sustento y oficio;

sin restarle sacrificio

a su ideal socialista.

V

Cada trabajo: ¡cumplido!

Fuesen votos, o dineros,

siempre, entre los primeros,

el médico del Partido.

Un pelotero aplaudido

como guante y bateador.

También un buen locutor,

escribía, declamaba,

a veces también actuaba…

La radio tuvo su amor.

VI

En la estomatología

ensanchaba su horizonte

al matancero Agramonte,

mientras su fama crecía.

Supo de implantología

y de ejercer la docencia.

Trabajó con persistencia.

Experimentaba a diario.

El folículo dentario

su pasaporte de ciencia.

VII

Trasplantó un tercer molar,

que con pluripotenciales

células madres, raigales,

hizo el diente del lugar.

Alguien quiso publicar

la insólita iniciativa,

sin imaginar que iba

a perpetuarlo pionero

en hacer —del mundo entero—

cura regenerativa.

VIII

El éxito lo condujo,

con sabia mano y rigor,

a terapias sin dolor

y a una consulta de lujo.

Clientela, con gran flujo,

le deparó su buen tino

al cambiársele el destino

de público militante,

para ser, en lo adelante,

combatiente clandestino.

IX

Se le creó la fachada

de un dentista acomodado,

apolítico, alejado

de aquella lucha pasada.

Otra vida, disfrazada.

Militancia, a escondidas

y técnicas aprendidas

o inventadas por talento…

Con el enmascaramiento

pudo salvar muchas vidas.

X

Llegó el Triunfo. La verdad.

Su plena consagración.

Hizo Identificación,

Gabinete en realidad.

El Carnet de Identidad

fue su creación genuina.

En la Técnica Canina

dio metódica a la pista.

Fundador criminalista…

Y esa historia no termina.

XI

Incontables sus misiones,

dentro y fuera del país,

sin permitirse un desliz,

en complejas situaciones.

Por similares razones,

Raúl y Fidel, lo hicieron

su dentista, o le tuvieron

para el mensaje su fe.

En sus manos confió el Che.

Junto a Ramiro, lo vieron.

XII

Turcios Lima, comandante

guerrillero en Guatemala,

viajó con disfraz de gala

como rubia exuberante.

Al Dar Es-Salam distante

de la Tanzania africana,

tras la guerrilla cubana

que al Congo llevó el Che,

a enmascararlo se fue,

y regresarlo a La Habana.

XIII

Se entrenó en el contingente

que a Bolivia Che llevara.

Antes, en Praga, Guevara

su amistad le hizo presente.

Al añejo combatiente

le dio la misión de espera,

hasta que el foco tuviera

territorio liberado,

entonces, sería llamado…

Mas, sobrevino La Higuera.

XIV

Allí se alzó, como grito

vivo en cada corazón

que late en Revolución,

y se hizo Che infinito.

Así mismo quedó escrito

su libro, para debate.

A la conciencia acicate

y una moral de pelea,

en cada joven que lea

La otra cara del combate.

XV

El oficio de escritor,

casi ya nonagenario,

fue reclamo solidario

a quien se siente deudor.

Por delante, lo mejor:

futuro en Revolución,

es la clara orientación

que anima cada relato,

cuando esboza su retrato,

contado En torno al sillón.

XVI

Y continúa la historia,

que será interminable.

Personaje inolvidable,

más allá de la memoria.

Viva feliz, que su gloria

mayor está por delante.

Su vida ejemplarizante

solo es comienzo, sin fin.

¡FELICIDADES, FISÍN!

¡95 Y PA´LANTE!

          4 de noviembre 2013

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