Betances (a la izquierda) y Albizu Campos, retratados por Lorenzo Homar. Fotos: Martha Vecino

Betances (a la izquierda) y Albizu Campos. Retratos de Lorenzo Homar.
Fotos: Martha Vecino

Betances, por Lorenzo HomarEl ciclo de pensamiento social caribeño Ser boricua, celebrado en la Casa de las Américas, honró la historia y la cultura de un país hermano, y su derecho a la independencia. No solo en el ámbito de la ONU ese derecho lo ha reconocido la comunidad internacional, con un reclamo burlado por la potencia imperialista que hace más de un siglo, guerra de rapiña mediante, sustituyó a la Corona española en la dominación colonial de Puerto Rico y le impuso a Cuba un neocolonialismo del que esta se libró en 1959.

Frente a la injerencia imperial creció la hermandad entre ambos pueblos antillanos. Cuba ha dado a la causa de su hermana un apoyo ratificado en junio de este año —es la trigésima tercera vez que lo hace—, con una resolución presentada al Comité de Descolonización de la ONU en defensa del derecho de Puerto Rico a su autodeterminación y su independencia. Ese apoyo lo sostiene cada vez más toda nuestra América: lo confirmó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños con su voluntad de acoger a Puerto Rico en su seno. En ese camino se inscribió, del 9 al 13 de junio, Ser boricua.

Presencia de Betances

Inaugurado el ciclo por el presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, y la directora de su Centro de Estudios del Caribe, Yolanda Wood, el historiador puertorriqueño Félix Ojeda Reyes presentó los tomos III, IV y V —que atañen básicamente a Cuba— de las Obras completas de Ramón Emeterio Betances, proyecto, en marcha, que dará varios volúmenes más.

Promotor del Grito de Lares, que se dio en su isla el 23 de septiembre de 1868, días antes del alzamiento cubano encabezado por Carlos Manuel de Céspedes, Betances apoyó el plan que, fraguado por José Martí, levantó a Cuba en guerra el 24 de febrero de 1895. En París, sede de una comunidad cubana significativa, el prócer puertorriqueño representó el Partido Revolucionario Cubano, cuyo nombre él ampliaba añadiéndole y Puertorriqueño.

Ojeda Reyes deploró que hayan aparecido muy pocas de las cartas que es lógico suponer cruzadas entre Martí y Betances, a quien se honró nuevamente el jueves 12. Ese día el propio historiador presentó El Antillano, película puertorriqueña de Titón Román, altamente valorada, y cuyo título identifica a Betances.

Héroe y heroína

El resto de la jornada inicial se dedicó a una pareja fundamental en la historia puertorriqueña: el líder nacionalista Pedro Albizu Campos y su esposa, Laura Meneses del Carpio. Ella, peruana, relegó su carrera de pianista premiada y científica eminente para correr la suerte del luchador.

Ricardo Alarcón de Quesada, uno de los cubanos a quienes de manera más visible ha correspondido el honor de representar el apoyo de su país a la independencia puertorriqueña, afirmó que el nacionalismo de ese pueblo ha sido y es importante para Cuba. Apuntó así a la significación revolucionaria de esa corriente antimperialista de ideas y actos.

Sobre el legado de Albizu disertó el fraile dominico Mario Rodríguez, defensor de la tradición nacionalista de su patria. Su contribución iluminó Convergencias y divergencias entre su insigne compatriota y el ilustre mexicano José Vasconcelos. En la voz de Albizu se oyó —tal vez grabado por agentes del Imperio que seguían sus pasos— uno de sus electrizantes discursos, homenaje a Ramón Medina Ramírez, otro símbolo del independentismo puertorriqueño.

Un aparte con la luchadora

La trayectoria de Laura Meneses la trató de modo admirable María Cristina Meneses Albizu Campos, nieta de los destacados luchadores. Antes de su ponencia, leyó un mensaje, que fue ovacionado, de Laura Albizu Campos Meneses, su madre, quien no pudo asistir al ciclo por motivos de salud, y quiso testimoniar su amor al pueblo cubano, a su Revolución, a Fidel Castro.

Laura Meneses del Carpio merece ser más conocida en Cuba. El 19 de enero de 1961, además de decretar otras medidas revolucionarias, el Consejo de Ministros de esta República les otorgó la ciudadanía cubana a ella y a otro puertorriqueño destacado, Juan Juarbe Juarbe, y los designó miembros de su delegación oficial en la ONU. Ambos honraron un nombramiento que fue otra expresión de respaldo cubano a la causa representada por Albizu Campos, entonces en una cárcel del Imperio.

El segundo día el ciclo empezó en el cementerio de Colón, con visitas a dos tumbas: una, la que guarda los restos de la poeta puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió; otra, la de Laura Meneses, quien murió en La Habana el 15 de abril de 1973 y fue inhumada en la bóveda que ella había hecho construir por si el Imperio impedía que Albizu Campos fuera enterrado en suelo puertorriqueño. Tal negativa —que habría sido demasiado escandalosa y revelado aún más las entrañas imperialistas— no se dio, y los restos del héroe reposan en su patria, donde la muerte, acelerada con radiaciones por sus carceleros, le llegó el 21 de abril de 1965.

Julia de Burgos y Lorenzo Homar

Se abordaron también otros temas, como algunos artistas y escritores, entre ellos Luis Rafael Sánchez, y un escenario relevante de la lucha puertorriqueña contra el Imperio, Vieques. La poeta Julia de Burgos y el artista de la plástica Lorenzo Homar —quienes vivieron abrazados al independentismo y se vincularon profundamente con Cuba— recibieron atención especial: por su importancia como creadores, y porque 2014 es el año de sus respectivos centenarios.

De la primera se presentó su Obra poética completa, editada por la Casa, y María Consuelo Sáez Burgos, Etnairis Rivera y Alí Francis García valoraron su quehacer. Una de las mayores poetas de su país, Julia de Burgos, residió algún tiempo en Cuba, donde quizás escribió su hermoso soneto “A José Martí (mensaje)”. Murió en Nueva York en 1953, con 39 años. Su cadáver, que estuvo a punto de perderse, fue identificado y llevado a la patria, que su obra honra.

A Homar, fundamental en la gráfica puertorriqueña y latinoamericana, se le reservó la última tarde. En el Palacio de Lombillo, junto a la Plaza de la Catedral, alumnos de la Universidad de La Habana trataron su obra, y Lesbia Vent Dumois y Manuel López Oliva recordaron al colega y sus vínculos con Cuba, incluidos sus aportes a los encuentros de artes plásticas organizados por la Casa.

Antonio Martorell —de quien desde el jueves el Museo Nacional de Bellas Artes acogía una brillante exposición— habló sobre Humor y fervor en su compatriota. El diseñador cubano Pepe Menéndez presentó el cartel creado por él como homenaje a Homar —algunas copias se obsequiaron a Susan Homar, hija de este, así como a otras personas y a algunas instituciones—, y se inauguró una exposición con obras del maestro atesoradas por la Casa de las Américas.

En el Taller Experimental de Gráfica de La Habana tuvo su final Ser boricua, con la exposición Lorenzo Homar: tributo gráfico cubano, obras creadas por artistas del país anfitrión en homenaje al maestro puertorriqueño. La apertura de la exposición se programó para que transcurriera simultáneamente con la clausura del ciclo, y ello dificultó la atención merecida por el actor y cantante Jerry Segarra, quien viajó desde Puerto Rico para ofrecer un hermoso repertorio de canciones suyas y de otros autores. En una expresó la heroína Lolita Lebrón su fervor por Albizu Campos.

Para un balance

Junto a los aciertos profesionales, en general, de Ser boricua, se confirmó la hermandad entre Cuba y Puerto Rico, y el derecho de este país —que ha sabido defender su cultura, empezando por la lengua— a disfrutar la independencia que le ha sido negada.

Luis Toledo Sande

Se publicó en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2014/07/04/cultura/boricua.html

y aparecerá también en la edición impresa de la revista

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