Imágenes como esta son familiares en Cuba. Foto: Juventud Rebelde

Imágenes como esta son familiares en Cuba.
Foto: Juventud Rebelde

El azar participa en la conmemoración de los 125 años de La Edad de Oro, cuyos cuatro números se publicaron en 1889, de julio a octubre. Ello ha dado base a una iniciativa simbólica: un festival auspiciado por la Organización de Pioneros José Martí está en marcha entre dos hitos significativos: el Día de los Niños, tercer domingo de julio, y el Día de la Cultura Cubana, 20 de octubre.

Apreciar el alcance nacional del legado martiano prepara para calar en su trascendencia planetaria, y la celebración recordará el lugar que la población infantil ocupa como continuidad permanente en la vida de la patria. Apoyado en la vastedad conceptual y temática de La Edad de Oro, el festival reserva diversos caminos para expresar ideas y sentimientos: “cartas, poesías, cuentos, ensayos, reportajes, entrevistas, fotos, audiovisuales, música, artes plásticas y dramatizados, a partir de lo leído en las páginas de la célebre revista infantil”.

En las vacaciones escolares —durante las cuales corre parte del festival— crecen las demandas de entretenimiento para niños y niñas. La Edad de Oro ofrece, no solo en ese entorno, un tesoro que se debe cultivar como fuente básica de aprendizaje y placer. Es necesario vencer limitaciones poligráficas y de distribución y que sus páginas —para las cuales Martí escribió los textos y buscó o encargó las ilustraciones— sigan siendo amorosa presencia permanente en los hogares cubanos.

La publicación nació de la gestión editorial del brasileño Aaron Da Costa Gómez, quien además seleccionó el título y tuvo la feliz idea de confiarle a Martí la redacción. Es justo reconocer los aciertos del editor, hasta para tener más fundamento al reprocharle que, “por creencia o por miedo de comercio”, tuviese en materia de religión la intransigencia que hizo a Martí —quien lo testimonió en carta a Manuel Mercado— abandonar la revista. Fue el fin de esta: ¿quién podía darle continuidad a su altura?

Propósitos

La importancia que Martí le concedió a la publicación la confirman las circunstancias en que aceptó hacerla realidad: cuando veía venir el Congreso Internacional de Washington, con el cual los Estados Unidos procuraban dar un paso de alcance continental masivo en su voracidad. Semejante realidad le advirtió al revolucionario que llegaba el momento de preparar la guerra para alcanzar la independencia de Cuba y asegurar la de nuestra América, junto con el equilibrio del mundo, nada menos.

Urgía formar, desde la infancia, ciudadanas y ciudadanos capaces de encarar los crecientes desafíos que asediaban a nuestros pueblos. Se requería conocer la marcha del mundo, no asumir la actitud del aldeano vanidoso repudiado en Nuestra América, texto que Martí publicó en enero de 1891. Sus deas y preocupaciones arreciaron frente al fatídico foro, que tuvo varias sesiones entre los meses finales de 1889 y los primeros de 1890. Fue el lapso que en el pórtico de Versos sencillos llamó “aquel invierno de angustia”, dado lo que el plan estadounidense encarnaba para nuestra América y aun para el planeta.

Los propósitos rectores de la publicación empezaban, empiezan, por romper esquemas asentados en la cultura patriarcal y con asideros y máscaras en el lenguaje. La “Nota preliminar” arranca de esta afirmación: “Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto”. Tal precisión refuta prejuicios seculares asentados en la discriminación por razones de género y contrarios a la equidad humana.

El interés de Martí por ese tema fue ostensible desde antes de aparecer la revista y hasta las vísperas de su muerte en campaña. Se aprecia en sus cartas a las hermanas Carmen y María Mantilla Miyares, especialmente en las dirigidas a la segunda, la más pequeña. Sus ideas sobre ese asunto —en el cual consideraba que no se habían rebasado las primeras letras del alfabeto de la vida— siguen brindando luz. La revista viene de un braceo a fondo en las lecciones del devenir humano, asumidas con la urgencia de la lucha anticolonial, que, en el concierto que se gestaba entonces y pronto se haría sentir, conduciría a la lucha antimperialista.

Despliegue y alcance

Tras la “Nota citada”, el primer número de la publicación incluye “Tres héroes”, sobre Simón Bolívar, Miguel Hidalgo y José de San Martín; el segundo se inicia con “La historia del hombre. Contada por sus casas”; el tercero, con “La Exposición de París”, sobre la cita internacional con que Francia convocó a los pueblos a celebrar el centenario de su emblemática Revolución, después de la cual ni en aquel “ni en ningún otro país han vuelto los hombres a ser tan esclavos como antes”: seguían siéndolo; y el cuarto comienza con “Un paseo por la tierra de los anamitas”, denuncia de la esclavitud y el colonialismo que, mientras se celebraba el centenario de aquella Revolución, la propia Francia mantenía en Vietnam.

En ese despliegue se intercalan, junto con poemas que van al reino del espíritu, diversos textos que ofrecen al público lector conocimientos sobre una gran variedad temática: la antigüedad griega y latina, la América anterior a la llegada de los conquistadores europeos, culturas orientales, África, asuntos del devenir científico y tecnológico y otros tratados con la sabiduría y la eticidad propias del autor.

Cuando buscó fuentes en otros autores, lo hizo con el poder de originalidad que le permitía transformar artísticamente cuanto pasaba por su palabra, escrita u oral. Al interpretar La Ilíada, traducir una fábula, replantear una idea sobre el contraste entre la muerte de un príncipe y la de un hijo de familia pobre, recrear una leyenda o dar vida raigalmente nueva a un Pulgarcito que él mueve de un extremo al otro de la mano para convertirlo en Meñique, reafirma que, en su caso, la originalidad iba más allá de querer ser diferente. Él lo era por su fidelidad al criterio de que escribir es sentir, y siempre que se escribe con maestría y desde el sentimiento legítimo, se es original, raigal.

Su Meñique y su gigante difieren de los que llenaban textos en que se hacía al público infantil —como señaló Herminio Almendros en su estudio del tema a propósito de La Edad de Oro— asistir al espectáculo de ogros que devoraban niños, a veces en actos propiciados por los padres de las víctimas. En el Meñique y el gigante de la sembradora revista ha habido razones para percibir una prefiguración del David y el Goliat que Martí empleó como símbolos en su testamentaria carta a Manuel Mercado.

No son meras imágenes calcadas de otras fuentes, ni terminan en la representación de un rey antiguo y un gigante mitológico. Encarnan alegóricamente el enfrentamiento de fuerzas antagónicas vivas en su tiempo y que llegan a nuestros días en una contradicción cada vez más fuerte.

Para esta obra se basó Laura Llópiz en una de las ilustraciones de La Edad de Oro. (Fotocopia: E.C.L.)

Para esta obra se basó Laura Llópiz en una de las ilustraciones de La Edad de Oro.
(Fotocopia: E.C.L.)

De un lado están los poderes monstruosos, como el simbolizado en el Juggernaut que remite a la dominación británica sobre la India. A la imagen de ese ancestro del hegemonismo estadounidense acude Martí para caracterizar los voraces intereses imperiales urdidos en aquel Congreso de Washington. Del otro lado se hallan pueblos de menos fuerza, llamados a utilizar la onda de la inteligencia, la tenacidad, la sabiduría, el valor y la honradez para que no los devore el gigante de las siete leguas, que digiere y esgrime la herencia de monarcas de la antigüedad.

Honrar y disfrutar

He ahí la base mayor de la importancia de hechos como el festival pioneril organizado para rendir tributo a La Edad de Oro. Pero el placer de disfrutar esta revista y aprender de ella, no es un bien que deba ceñirse a circunstancias conmemorativas. Es inacabable fuente de luz, máxime cuando hoy es un logro común lo que Martí intentó conseguir en su tiempo: que la revista, editada en Nueva York y hoy familiarmente vista como un libro, llegara hasta Cuba. Ya aquí es un bien diario, y merece estar permanentemente en librerías, bibliotecas, escuelas y hogares. No es cuestión de ferias y festivales, por muy útiles que unas y otros resulten.

Luis Toledo Sande

Publicado en Bohemia, 8 de agosto de 2014

Se leerá también en la edición digital de la revista

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