Vista parcial de la fachada. Foto: Claudia Rodríguez Herrera

Vista parcial de la fachada.
Foto: Claudia Rodríguez Herrera

Mantiene su apogeo el trabajo desarrollado por el Centro Hispano-Americano de Cultura en La Habana, o desde esta ciudad, porque los frutos van más allá de ella, y del país. A la séptima edición, en los inicios de agosto, de Behíque —evento que trata sobre literatura y arte del género fantástico y se dirige a jóvenes y adultos—, siguieron otros pasos de una intensa de labor.

Parte de lo hecho por la institución en ese mes coincidió con Rutas y andares, proyecto auspiciado por la Oficina del Historiador de la Ciudad —a la cual aquella está adscrita—, y que ha tenido asidua presencia en Bohemia. El lema Hispanoamérica: de lo clásico a lo contemporáneo cobijó tareas como la relevante exposición A ambos lados del Atlántico, abierta el jueves 14, con la colaboración del Museo Nacional de Bellas Artes.

Es un regalazo disfrutar veinticinco obras de valor, como las debidas, entre otros mexicanos, a Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Eloy Tarcisio y Rufino Tamayo, y a españoles de la talla de Picasso, Joan Miró y Antonio Saura. Las cubanas las crearon Amelia Peláez, Carlos Enríquez, Arístides Fernández y Fidelio Ponce.

La diversidad del quehacer del Centro se corroboró una vez más a partir del día siguiente, con otra exposición: Eso que anda, imágenes, captadas por el fotógrafo Iván Soca, de Juan Formell y la orquesta que este fundó hace cuarenta y cinco años, Los Van Van.

El cine estuvo presente con Música catedralicia en Cuba, Ópera del malandro, Habana blues y Frida, así como con la plasmación de Carmen, la ópera de Georges Bizet, y una disertación sobre la huella de España en la cinematografía cubana. A la música de las películas se sumaron los conciertos Jazz cubano… y popular, y los ofrecidos por Diego Cano y Charly Salgado, ambos con invitados.

El baile vivió en el espectáculo/conferencia Bailes de Hispanoamérica, con la participación del Centro de la Danza. Dirigido en particular al público adolescente, el segundo taller Verano flamenco estuvo a cargo de la compañía que dirige la bailarina Irene Rodríguez. El mes terminó con una gala de clausura de Rutas y andares, en la cual actuó la compañía danzaria Rakatán.

No festejos aislados

El anterior relato de logros, que tuvieron el concurso de reconocidos especialistas, no intenta ser exhaustivo. Lo hecho estuvo marcado por la celebración del décimo aniversario del Centro, a la cual el trovador Gerardo Alfonso dedicó el 12 de julio un concierto. Pero todo fue una etapa más en la brega sostenida por la institución desde que se fundó el 10 de mayo de 2004.

Al colectivo lo honra y entusiasma saberse continuador de la Institución Hispano Cubana de Cultura, que Fernando Ortiz creó en 1926, y ello revela raíces y perspectivas. El sabio que acuñó transculturación, e imprimió carácter científico y fibra afectiva a los estudios sobre las relaciones entre Cuba y África, al calor de esa tarea acuñó otro concepto germinador: afrocubano, que él mismo desbordó al hablar de la integración cubana de blancos y negros.

En ese sendero el Centro Hispano-Americano de Cultura se une a otras instituciones cubanas promotoras del conocimiento mutuo entre pueblos que comparten mucho de su historia, su riqueza cultural y su destino. Algunos ejemplos son la Casa de las Américas —que tiene un Centro de Estudios del Caribe—, la Casa del Caribe, la Casa de África, fundaciones como la Fernando Ortiz, la Alejo Carpentier y la Nicolás Guillén y el Centro Dulce María Loynaz.

Esas instituciones, y otras, se inscriben en una tradición fiel al legado de héroes como Simón Bolívar, quien sembró respeto por el “pequeño género humano” que somos en esta parte del mundo, y tuvo al final de sus días el amparo de un español de alma justiciera; y como José Martí, quien sigue convocando a conocer —y a reconocernos en ella— a “nuestra Madre América”, y juró lavar con su vida el crimen de la esclavitud impuesta a hijas e hijos de África. Ese fue el revolucionario que calificó de filicida a la España monárquica y colonialista, y propagó el amor al pueblo español, al español honrado y amante de la libertad.

Notable es lo hecho por el Centro en torno a las diversas artes y, en conjunto, a los estudios culturales. Sin olvidar a los que se expresan en otras lenguas, favorece el conocimiento de los pueblos que en nuestra América hablan español, y de las comunidades que integran la nación de ultramar donde nació ese idioma.

El tramo determinante en la formación y el ensanchamiento de esa lengua transcurrió a ambos lados del Atlántico. En 1492 le fijó Antonio Nebrija su primera gramática, y comenzaron a llegar españoles a las tierras que desde la dominación eurocéntrica se bautizarían América, un hecho que es parte de la compleja, tormentosa y fértil trayectoria compartida por estas poblaciones.

Crecimiento y avance

Interrogado sobre las perspectivas del Centro a plazos corto, mediano y largo, su director, Ernesto Sierra, expresa: “Sobre la base de lo alcanzado en esta primera década nos planteamos ajustar mejor sus perfiles temáticos, potenciar la promoción de su quehacer y los servicios que brinda, y ampliar las relaciones entre los países de habla española y los estudios hispánicos en general. Para ello debemos fortalecer la investigación.

“Se ha abierto y mantenido un espacio entre las instituciones culturales del país, donde hay varias con perfiles temáticos similares o afines, y con más años de existencia. Por eso es importante introducir precisiones que fortalezcan la identidad del Centro”.

Con respecto a las relaciones internacionales, añade: “Dentro de las perspectivas antes mencionadas está buscar que sus vínculos sean más abarcadores, diversos y sistemáticos. Para ello serán importantes los nexos que ya se han tenido con instituciones y con artistas e intelectuales de distintos países. Son excelentes las relaciones con embajadas latinoamericanas, y también ello ha propiciado la presencia de las culturas del área en nuestros planes.

“En los años recientes, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Venezuela han tenido una representación más constante. Hemos recibido valiosas donaciones de libros y otros documentos para nuestra biblioteca, que lleva el nombre de Gabriela Mistral. El Centro es subsede de conocidos eventos internacionales, como la Bienal de La Habana, la Feria Internacional del Libro, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, La Bienal de Cerámica, entre otros. Todo eso fortalece nuestra labor”.

Significación del camino

Merece aplauso el apoyo que el Centro debe seguir recibiendo para robustecer cada día más su desempeño, y para mantener en óptimas condiciones el apreciable edificio donde radica: el de Malecón 17, conocido como de las cariátides, por sus emblemáticas columnas. En su interior podrá definirse aún más la impronta simbólica de la institución.

Quienes le han dado vida con su trabajo se han ganado el derecho a que se vea como una institución valiosa por su desempeño, y crecida con alma propia gracias a su creatividad. Pero no olvidemos la existencia en ese local, hasta mediados de 2003, de un Centro Cultural de España estatalmente subordinado a dicha nación.

Que en aquella no tuviera Cuba uno similar, representaba una asimetría no explicable por razones culturales, y que se tornó insostenible cuando el gobierno español —entonces, como ahora, en manos de la extrema derecha: lo presidía un patético sirviente del mandón del Norte— promovió el apoyo, hoy con señales de cambios que deben consumarse, de la Unión Europea al bloqueo estadounidense contra Cuba. Fue uno de los gestos injerencistas de aquel gobierno inaceptables para el país que, por sí solo, echó de su suelo al colonialismo hispano y al imperialismo estadounidense.

Junto con los culturales, poderosos estímulos históricos, éticos y políticos tiene para desarrollar su trabajo el entusiasta colectivo del Centro Hispano-Americano de Cultura.

Luis Toledo Sande

Publicado en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2014/09/08/cultura/centro-hispano-americano.html

Aparecerá también en la edición impresa de la revista.

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