Foto: Leyva Benítez

Foto: Leyva Benítez

Quienes disfrutan sus actuaciones, aprecian el virtuosismo y la vitalidad que lo caracterizan como intérprete, y los oyentes de CMBF Radio Musical Nacional agradecen su conocimiento enciclopédico sobre el arte al cual se ha dedicado. Luis Manuel Molina de Varona es fruto y alto exponente de la escuela cubana de guitarra, y el 20 de septiembre de 2014, con un concierto en el Museo Nacional de Bellas Artes, celebró los treinta y cinco años de su carrera artística, bastante más de la mitad de los cincuenta y cinco que cumplió el 25 de febrero.

Hace una década, en la sala grande del Auditorio Amadeo Roldán, se le honró con motivo de su primer cuarto de siglo de labor, y lo respaldaron, además de un coro infantil, otros músicos de gran nivel: el guitarrista Ildefonso Acosta, el clarinetista Vicente Monterrey, el maestro Guido López Gavilán —con la orquesta de cámara Música Eterna, que ese maestro fundó y dirige— y Los Kent, grupo al cual Molina se sumó con su guitarra y su corazón de roquero. Entre los saludos que recibió el encuentro estuvo una crónica de título justiciero: “Con Luis Manuel Molina, hacia toda la música”.

Lo de este año en Bellas Artes podría definirse en iguales términos. Allí tuvo también el respaldo de valiosos colegas: la soprano Lucy Provedo, el clarinetista Vicente Monterrey, el grupo Vocal Elé, el trovador Gerardo Alfonso y el nonagenario Septeto Típico de Sones.

Entre los gustazos que el guitarrista se ha dado tiene el de haber interpretado, en el hogar madrileño de Joaquín Rodrigo, su propia versión del adagio del célebre Concierto de Aranjuez, por la cual mereció entusiasta aprobación del maestro español. El mismo Rodrigo, que veía, ¡y cuánto!, con el corazón y los oídos, le agradecería también al compositor Molina la dedicatoria de su obra Tres evocaciones españolas (para guitarra sola, 1992), a la que auguró el ancho reconocimiento internacional que merece tener. Y todo eso lo lleva el habanero con la sencillez de quien vale de veras.

Raíces, caminos

En la memoria guarda el aporte del padre, Luis Molina Parrado, iniciador de su formación: “Era abogado, periodista y locutor, y estudioso del piano y la guitarra. En su Camagüey natal hacía un programa de radio sobre músicos, en el que hablaba y tocaba. Hijo de Alejandro Molina Loret de Mola, capitán del ejército mambí, escribió un libro sobre su tío Melchor Loret de Mola, coronel. También a mi madre el patriotismo le vino de familia. Entre sus ancestros estuvo Joaquín de Agüero, y su primer apellido lo heredó del parentesco con Enrique José Varona”.

Entre sus maestros recuerda a destacados guitarristas: Flores Chaviano, Jesús Ortega y Efraín Amador, además de su hermano, Carlos Molina. También estuvo presente el padre de la escuela cubana de guitarra, Isaac Nicola. Con esos guías, relata, “vencí el nivel medio de los estudios en el Conservatorio Amadeo Roldán. Después cursé la licenciatura en Música en el Instituto Superior de Arte, en la especialidad de guitarra”.

Valora altamente las clases magistrales recibidas del japonés Ichiro Suzuki, el griego Costas Cotsiolis, el español Manolo Sanlúcar, el cubano Leo Brouwer y el venezolano Alirio Díaz. “De este, aún más que la gran maestría artística, me impresionaron su sencillez y su limpieza humana. Ser profesor asistente de Andrés Segovia durante veinticinco años, no le impidió promover como nadie la obra de otro grande con quien el maestro español no comulgaba, el paraguayo Agustín Barrios, Mangoré. A Brouwer le debo, sobre todo, valiosas enseñanzas acerca de los estilos interpretativos de la guitarra según las distintas épocas en que ha se ha tocado”.

“¡Esa es mi casa!”

En CMBF escribe, dirige y conduce dos programas: Música antigua y Amigos de la guitarra, y —en Del arte eterno, dirigido por Pepe de Armas— tiene a su cargo la sección Músicos en el tiempo. “Desde niño CMBF me llamó la atención por la sobriedad, y por las voces de locutores emblemáticos, como Nelson Moreno de Ayala, Jesús López Gómez, Enrique Goizueta…

“Me impresionaba que mientras las demás emisoras se encadenaban en trasmisiones eventuales de carácter solemne o luctuoso, ella mantuviera su programación habitual. Por eso le pedía a mi madre que me pusiera ‘la emisora de música sacra’, que era como yo entonces la entendía. No pensaba que llegaría a trabajar allí, y llevo veinticinco años haciéndolo”.

A esa planta le agradece tener “una audiencia impresionante. Miguel Barnet dice que todos los días oye Música antigua, y me han estimulado por mi labor Roberto Fernández Retamar y otros intelectuales de primera línea. Pero hay algo que me alegra especialmente: personas que ‘no saben música’ oyen mis programas como si fueran clases. Por CMBF he recibido los mayores reconocimientos. ¡Esa es mi casa!”. Y allí, donde hay un colectivo profesional de lujo, él brilla.

El compositor

En su catálogo autoral hay obras de varios formatos: para coros, para instrumentos solistas —piano y clarinete, además de la guitarra— o con acompañamiento que va desde grupos de diversa integración hasta orquesta. Su cantata Gesta luminosa (para coro mixto y orquesta, 1982) la estrenó en versión rock el grupo Géminis, y en estilo sinfónico la Banda Nacional de Concierto, dirigida esta por Moisés Hernández Duménigo.

Entre sus numerosas composiciones para guitarra sola están Romance para dos almas (1979); Adagio para el Gentilhombre de Aranjuez (1999), motivada por la muerte de Rodrigo y dedicada al guitarrista australiano John Williams. Para orquesta de guitarras ha creado piezas como Fantasía para la dama del lago Bullensee (1995), Taj Mahal, idilio de los amantes (2002) y Sinfonía de Gilgamés (2008-2009). Al hablar de esta última, da la impresión de tenerla entre sus preferidas. “La estrenaron en Cuba el 26 de julio de 2009, en el Amadeo Roldán, dos orquestas: Sonantas Habaneras y Guitarras de Rheine (Alemania), que en su disco Live incluyó Fantasía para la dama del lago Bullensee”.

De la variedad de su producción habla también la música incidental compuesta para teatro infantil, en obras como La gata que iba sola (1998) y Peter Pan (1990). Partituras suyas de distintos géneros han publicado las editoriales Alpuerto, de España, y Hubertus Nogatz Verlag, de Alemania.

Con la música a todas partes

Ha tenido una rica participación internacional en festivales y conciertos, y en concursos, con premios relevantes, como el segundo del festival y concurso de Esztergom, Hungría, al inicio de su carrera. “He actuado en países de Europa, la América Latina y el Caribe, y la América del Norte, así en Canadá como en los Estados Unidos. En 1981 tuve el honor de tocar en el estreno nicaragüense de Canto general, obra compuesta sobre el poemario homónimo de Pablo Neruda por el eminente maestro griego Mikis Theodorakis, quien dirigió el concierto”.

De 1982 a 2002 estuvo varias veces en los festivales internacionales de guitarra de Markneukirchen y Rotenburgo, Alemania. En ellos, además de ofrecer conciertos, impartió clases magistrales. En Italia ha desarrollado una intensa actividad como guitarrista y mandolinista de la Compañía de Opereta del Teatro Bellini, de Nápoles, en colaboración con el Teatro de la Ópera y el Ballet Nacional de Cuba. Más de 30 ciudades de aquella península lo han apreciado como concertista.

Dúo Cáliz. Foto: Leyva Benítez

Dúo Cáliz. Foto: Leyva Benítez

Esas son solo unas cuantas de las actuaciones que ha protagonizado en Europa, como solista o formando parte del dúo Cáliz, primero con la flautista Diana López Moyal, y, hace ya 17 años, con el clarinetista Vicente Monterrey.

De sus incontables actuaciones en Cuba recuerda con especial agrado, entre otras, su participación “como orquestador e intérprete en las misas oficiadas en La Habana por Juan Pablo II (1998) y Benedicto XVI (2012). Otras de mis presentaciones aquí han ocurrido en las galas por el aniversarios 60 del Ballet Nacional y el 50 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y en los festivales La huella de España.

“He disfrutado colaborar como guitarrista en la grabación de los discos Expedición, de Silvio Rodríguez, y Canciones del buen amor, de José María Vitier. La sala Glauber Rocha de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños me ha acogido varias veces, con mi guitarra clásica”.

La impronta de su tiempo

Tuvo a su cargo, y participó como guitarrista, la dirección artística del concierto From Me to You, dedicado a George Martin, productor de Los Beatles. “Para esa cita, en el Auditorio Amadeo Roldán, tuve el placer de componer Sargent Pepper’s Fancy. La interpreté allí, en presencia de Martin. ¡Qué fiesta!”

Ese concierto ha sido una de las numerosas actuaciones en que ha expresado su admiración —a la cual se debe que sea coautor del libro Los Beatles en Cuba— por el grupo universal surgido en Liverpool. Otras han tenido lugar en los Festivales de Música de los Beatles celebrados en el hotel Sandal Royal Hicacos, de Varadero, en 2011 y 2012, y, desde su inauguración, en torno al monumento a John Lennon en un parque habanero.

Su trayectoria, en plena madurez, abarca el quehacer como director —y a menudo fundador— de varias agrupaciones. “Entre ellas, además del dúo Cáliz, aún activo, han estado el grupo de rock sinfónico Géminis y el de cámara-rock Magical Beat, los cuartetos Orfeo y Metamorfosis y el quinteto Eclosión”.

El roquero. Foto: Leyva Benítez.

El roquero. Cortesía del entrevistado.

Su diversidad auténtica, sin melindres, lo ha llevado a actuar como guitarrista acompañante de vocalistas como Alina Sánchez, María Remolá, Linda Mirabal, Bárbara Llanes, Joana Simón y Elizabeth de Gracia. Y la presencia del rock en su desempeño se debe a que para él esa vertiente no es un hobby, mero pasatiempo, sino parte de una siembra apasionada. La vastedad de esta explica su condición de miembro de la Academia Nacional del Tango de la República Argentina, presidida por Horacio Ferrer, autor de los textos de las canciones de Astor Piazzolla, cuya obra tiene en Molina un gran intérprete.

El musicólogo español Francisco Herrera lo incluyó en su Enciclopedia de guitarristas. Se le ha condecorado con la Distinción Por la Cultura Nacional, y el Instituto Cubano de Radio y Televisión, que en 2010 lo galardonó con la distinción Micrófono de la Radio Cubana, reconoció en 2012 su jerarquía de Artista de Mérito. En su haber tiene igualmente, junto a otros reconocimientos, la Medalla Conmemorativa por los 50 años de la Orquesta Sinfónica Nacional, para cuyos conciertos semanales escribe las notas de los programas desde hace quince años.

Retos de la creación

Se lleva una sorpresa quien quiere saber de la discografía esperable en un músico como él a estas alturas de su trabajo. Tiene, sí, cinco discos grabados, y abarcan un contenido de calidad y variedad altas: para todos los buenos gustos, sin límites artificiales entre “música culta” y “música popular”. Uno de ellos incluye Del espectro nocturno (para guitarra y banda magnetofónica), pieza que le dedicó el maestro Juan Piñera, otro de los pilares de la música cubana contemporánea, y de CMBF.

Pero esos discos son pocos, y los ha hecho en limitadas ediciones de autor (léase: con recursos propios). Le ha faltado el apoyo que honraría a las instituciones que se lo hubieran brindado. “Con Radio Enciclopedia, y se lo agradezco de veras, he grabado un nuevo disco, Ecos de la floresta. Junto a mi pieza sinfónica (para guitarra sola) Oricalco, inspirada en la leyenda de la Atlántida, contiene versiones, mías también, de clásicos populares tan diversos e inolvidables como Vereda tropical, de Gonzalo Curiel; Aquellos ojos verdes, de Nilo Menéndez; Lady Madonna, de los Beatles; y No sé tú, de Armando Manzanero. Pero ese fonograma está en espera de reproducirse y salir”.

Con el Septeto Típico de Sones en Till There Was You, creada por Mere-dith Wilson y popularizada por Los Beatles. Foto: Leyva Benítez.

Con el Septeto Típico de Sones en Till There Was You, creada por Mere-dith Wilson y popularizada por Los Beatles. Foto: Leyva Benítez.

Tal vez haya quien —con estrecheces vestidas de señorío artístico— se desoriente, y hasta se asuste, ante la abundancia de alguien que asume con respeto, desde un profundo entendimiento de la música, tan diversas zonas de ese arte. Hay que oírlo, y verlo, interpretando a grandes de la guitarra y del legado concertístico en general, versiones de arias de prestigiosas óperas, o números de Los Beatles, una canción de Miguel Matamoros o el Buche y pluma na má, del boricua Rafael Hernández, o, como en el concierto por los 35 años de su carrera, las Variaciones compuestas por el japonés Yuquijiro Yocoh sobre Sakura, tema anónimo de su país.

Si grabar y promover las interpretaciones y las composiciones de Molina enriquecería la discografía cubana en cualquier tiempo, más beneficioso sería tal vez hoy, cuando pululan productos deplorables. Se sufren en medios formales de difusión, y en otros devenidos poderosos si de propagación musical se trata, como el transporte colectivo, sobre todo en La Habana.

La vida artística de este músico debe servir, entre otras cosas, para convocar a que se le dé el respaldo que necesita y merece la obra de quien seguirá brillando en su permanente viaje hacia toda la música.

Luis Toledo Sande

Publicado en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2014/12/19/cultura/gente-molina.html

Aparecerá también en la edición impresa de la revista.

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