Cubierta Detalles en el órgano 1Ya está impreso, y espero que no demore mucho en circular, Detalles en el órgano. Cuerdas y claves en la Cuba de hoy, cuyos origen y carácter se explican en las páginas introductorias, que reproduzco al pie de estas líneas, como un adelanto, o invitación, para lectoras y lectores de la artesa, entre quienes me gustaría que también hallara de unas y de otros el libro. Publicado por las habaneras Ediciones Extramuros, la edición estuvo a cargo de Lourdes Cairo; el diseño y la composición, de Damaris Rodríguez Cárdenas, quien para la cubierta utilizó una “expresión gráfica urbana, sita en calle San Miguel, Centro Habana”. Para todas las personas que hicieron posible la salida del libro, incluido naturalmente el colectivo de la Empresa de Artes Gráficas Federico Engels, la inmensa gratitud del autor.

L.T.S.

Pulsando

Los [veintidós] textos siguientes vienen de mi colaboración en Cubarte —que los publicó en las fechas indicadas al final de cada uno de ellos—, y por lo general se reprodujeron también en otros sitios. En “Letra con filo”, sección de aquel portal, se editaron o debieron haber aparecido como parte explícita de la serie “Detalles en el órgano”, salvo el primero, “O socialismo ‘utópico’ o capitalismo ‘científico’”, que la precedió en cerca de dos años, pero me ha parecido proemio natural para el conjunto aquí reunido.

El origen del título de la serie, y del volumen, en el que ella está representada con la mayor parte de sus piezas, se halla en un cuaderno de apuntes —de 1871, y señalado con el número 1 en sus Obras completas— donde José Martí, entonces con dieciocho años y en los inicios de su primera deportación en España, escribió:

“Nada ha de ser. Nada está predestinado a ser.

Todo en el mundo, menos él mismo, es el efecto del azar.

Un detalle en el órgano es a veces una revolución en el sistema.

La vida de un infeliz condenado depende de mi viaje a su Audiencia.—Voy al ferrocarril.—Hace un minuto que [el tren] ha marchado.—El hombre muere.

Todos saben el suceso y dicen:

—¡Desventurado!—¡Era su suerte! ¡Había de ser!

No.

Las causas reales destruyen las hipótesis.

La suerte, el destino, el escrito, la desventura, fueron un minuto más en el reloj.

Un minuto antes, y el hombre se habría salvado.

Un minuto después, y el hombre murió.

Hubo causas materiales:—horas—ferrocarril: ¿a qué buscar causas abstractas?

Hay causas probadas y evidentes: ¿a qué buscar causas impalpables e improbables?”

Si sobre la “suerte” de un ser humano concreto, un reo en este caso, valen tales razonamientos, ¿qué decir del devenir de un país que enfrenta desafíos y decisiones vitales? Con esa inquietud pensé y escribí los artículos, en torno a “detalles” que ese país, Cuba, está llamado a asumir con la mayor lucidez en su responsabilidad de no salirse de un rumbo tan digno como asediado por fuerzas hostiles, presentes no solo fuera de su territorio. Decisivas las hay también dentro.

Todo se debe ponderar con el mayor tino, para prevenir y evitar desviaciones costosas, que serían harto difíciles de rectificar en sí mismas y en sus efectos. La historia, la vida, ha enseñado que el socialismo no es irreversible, y hemos de saber igualmente que tampoco su triunfo es un acto inevitable, solo dependiente de reales o supuestas leyes objetivas. Hay que poner el hombro, además del pensamiento y el corazón, para contribuir a esa victoria o, por lo menos, para alcanzar, en nuestro tiempo, una tranquilidad de conciencia comparable con la que, en el suyo, tuvo el propio Martí al asumir la difícil etapa revolucionaria —transitoria, como el acontecer histórico todo— que él fraguó y encabezó.

En parte recuerda esa actitud martiana uno de los textos aquí reunidos, “Lo imposible y lo posible”, al mencionar lo que el héroe entendía como “el verdadero y único deber científico en la sociedad cubana”, en el cual pensaba no solo con miras al tramo revolucionario que él encabezó, sino en busca de una “raíz más” para “la revolución inevitable de mañana”. Ese fue asunto central de “Crece”, artículo publicado en el periódico Patria el 5 de abril de 1894. Allí, líneas antes del pasaje glosado, se lee:

“La ciencia, en las cosas de los pueblos, no es el ahitar el cañón de la pluma de digestos extraños, y remedios de otras sociedades y países, sino estudiar, a pecho de hombre, los elementos, ásperos o lisos, del país, y acomodar al fin humano del bienestar en el decoro los elementos peculiares de la patria, por métodos que convengan a su estado, y puedan fungir sin choque dentro de él. Lo demás es yerba seca y pedantería.”

Este libro contiene briznas de preocupaciones y esperanzas que desvelan al autor, quien no incurre en la soberbia de creer que puede proponer fórmulas mágicas para enfrentar un período complejo de nuestra historia, tal vez el más difícil y retador que haya tenido ante sí la nación. Por eso mismo, ella debe prestar oídos a todas las voces honradas —si aciertan o se equivocan es otra cosa— que clamen en busca de luz para la marcha, o al menos pongan el grito en el cielo cuando no encuentren otra cosa digna que hacer.

Luis Toledo Sande

La Habana, 26 de julio de 2014

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