Pan / 60,5 x 50,5 cm.

Pan / 60,5 x 50,5 cm.

¿En el filósofo holandés Baruch Spinoza, que pulía lentes para mantenerse vinculado al trabajo manual mientras escribía textos inmortales? ¿En el artista francés Jean Auguste Dominique Ingres, quien desde su infancia hasta su muerte cuidó un violín que acaso amaba tanto como a la pintura que lo perpetuó? En ambos pudiera quizás pensarse ante la disfrutable exposición —de ella toma epígrafe y título la presente reseña— que ha propiciado un acercamiento singular a Tennessee Williams, uno de los grandes del teatro estadounidense y mundial.

Angel in the Alcove (Ángel en la alcoba), 60,5 x 50,5 cm

Angel in the Alcove (Ángel en la alcoba) / 60,5 x 50,5 cm.

Desplegada en el umbral del Centro de Información Antonio Rodríguez Morey, del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), recuerda la relación que tuvo con las artes plásticas el extraordinario dramaturgo, autor asimismo de novelas y relatos. Nació el 26 de marzo de 1911 y murió el 25 de febrero de 1983, y ambos hitos rememora y desborda la exposición. Esta, feliz regalo al público, brotó de la colaboración brindada al MNBA por el Museo Tennessee Williams y la Galería On Greene, enclavados en Cayo Hueso, peñón de tanto vínculo histórico con el patriotismo cubano.

Mr. Paradise (Sr. Paraíso), 70,5 x 55,5 cm

Mr. Paradise (Sr. Paraíso) / 70,5 x 55,5 cm.

La curaduría corrió por las respectivas directoras de aquella galería y del mencionado centro de información, Nance Frank y María Cristina Ruiz. En el catálogo esta última apunta, y lo ratifican muchos de los materiales exhibidos, que desde 1947 vienen representándose en escenarios cubanos obras de Williams —Zoológico de cristal, Un tranvía llamado Deseo, El dulce pájaro de la juventud, La gata sobre el tejado de zinc caliente…—, con puestas a cargo de relevantes dramaturgos, entre ellos Vicente Revuelta, Roberto Blanco y Carlos Díaz. Y a lo hecho en Cuba se añade lo traído hasta aquí por el cine.

Camino real, 50,5 x 40 cm.

Camino real / 50,5 x 40 cm.

Fotografías, programas de mano, carteles, recortes de prensa —uno, de 1961, corresponde a Bohemia—, bocetos dibujados para servir a la escenificación de piezas suyas y reproducciones de reconocimientos que él ganó en vida, y tres videos, le rinden tributo a Williams. Pero el entrecot de toro de la exposición está en mostrar su vocación pictórica, en cuatro cuadros que, aunque motivados en general por textos literarios, son autónomos.

“Pinturas ingenuas”, comentó ante ellos —hechos en acrílico sobre lienzo— una entusiasta voz crítica, y alguien absorto en su contemplación acotó: “¡Pero qué mano!” Lente o violín, basta verlos para apreciar su encanto. La reseña se encoge voluntariamente para darles espacio.

Luis Toledo Sande

Fotos para la presente edición: cortesía del MNBA.

Publicado en Bohemia Digital:

http://www.bohemia.cu/2015/03/19/cultura/expo-tennesse-williams.html

Y en el número de la revista impresa correspondiente al 20 de marzo de 2015.

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