Foto: L.T.S.

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Cuando Roberto Figueredo, ilustrador de oficio y calidad a cuyo ingenio tanto debe no solo Bohemia, supo que Rolando de Oraá sería entrevistado para sus páginas, se le llenó el rostro de alegría y comentó: “Lo merece. Es uno de los mejores diseñadores del país. Su versatilidad le permite hacer con eficacia carteles, programas de mano, folletos, revistas, libros… lo que se proponga”.

Sí, amplio es el desempeño de un artista cuya modestia puede despistar a quien confunda talento y figureo. Con ochenta y dos años —los cumplió el pasado 17 de mayo— sigue lúcido y productivo; al

El entrevistador agradece al entrevistado las fotocopias de los carteles.

El entrevistador agradece al entrevistado las fotocopias de los carteles.

día, sin esclavizarse a modas; con bríos para nuevos logros, como un alto premio otorgado por la Federación Sindical Mundial.

Esa organización, con noventa millones de miembros en ciento veintiséis países, convocó a un certamen cartelístico para celebrar sus siete décadas (1945-2015) de servicio a trabajadores y trabajadoras, y el lauro destinado a la región de América lo ganó De Oraá con un cartel que él define así: “‘Edifiqué’ un muro de setenta ladrillos y una cuchara de albañil que da la idea de que la construcción continúa. El premio, que me ha alegrado, enriquece simbólicamente mi currículo”.

Acrobacia, la vida

Este ser humano sencillo, de cuya condición artística parece hablar hasta la sonoridad de su nombre, cree haber venido al Cartel Quién le teme a Virginia Woolfmundo “con lápiz y papel en mano, habiendo ya dibujado —en el vientre materno— casas, aviones, barcos”. De muchacho, quiso ser acróbata, y luego, tras numerosas peripecias en busca de empleo, llegó a las imágenes gráficas profesionales por la publicidad capitalista: “En los años 50 del siglo pasado fui dibujante publicitario en una agencia estadounidense radicada en La Habana. El dueño, Bernard Jennings (se sabe quiénes dominaban el país), me enseñó los principios básicos de la información, los que aplico actualmente.

“La diferencia estriba en que, en aquella época, la publicidad trataba de vendernos lo que no teníamos dinero para comprar, y ahora divulgamos cultura, que, dicho sea de paso, se nos da a todos. De dibujante publicitario que era, la Revolución me elevó a diseñador informacional. Inicié mi formación antes del 59, en San Alejandro y en la Escuela de Artes y Oficios. Después de Cartel Matías Pérezese año hice estudios de Periodismo y, en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, un curso de computación.

“Para completar mi preparación artística fue fundamental la Academia de Artes Plásticas de Varsovia. Allí mis profesores eran de los más connotados en la Polonia de entonces, que tenía un lugar eminente en la vanguardia del diseño gráfico mundial. El diseño cubano, sobre todo en aquellos años, los 60, estuvo muy influido por la escuela polaca”.

Cartel MoiseievLa historia siguió: “Nuestro diseño se consolidó y creció basado en nuestra propia idiosincrasia, gracias al fértil movimiento de producción y educación artísticas generado tras el triunfo revolucionario. Desde hace décadas el Instituto Superior de Diseño Industrial gradúa profesionales muy bien preparados”. En ese Instituto, como en la Escuela Nacional de Arte, él ha sido profesor.

El apellido de este creador de imágenes puede sugerir que viene de una familia con prosapia artística: es hermano del poeta Francisco, Premio Nacional de Literatura; de Pedro, también poeta, artista plástico y crítico de arte; y de la Cartel Avellanedaescritora Hilda, madre del pintor Flavio Garciandía, uno de los sobrinos artistas de la familia.

El mayor de los hermanos, Remberto —ya fallecido, como Francisco—, brilló en la gastronomía, y también mostró inquietudes literarias: “Dejó inconcluso un libro erudito sobre las bebidas del mundo, y Samuel Feijóo le publicó en la revista Signos trabajos sobre el origen de piropos y refranes”.

Linaje, el trabajo

Antes de su generación no hubo entre sus familiares ninguna consumación artística o literaria conocida, tal vez porque las circunstancias no lo propiciaron. Y aunque el abuelo por vía materna era médico, y entre sus antepasados paternos hubo un “don Xavier de Oraá y Lecumberry, intendente de Las Filipinas cuando eran colonia de España, y que estuvo en Caibarién, donde dormía sus siestas en hamaca abanicado con una penca de guano por un esclavo”, tampoco llegó a su familia ningún abolengo económico relevante.

El padre “fue sastre, pero en su casa no había máquina de coser, y hacía los trajes a mano, puntada a puntada. Mamá, de niña, estudió un poco de piano y de francés; pero al casarse con mi padre se convirtió en ama de casa, y ya. Mi padre murió cuando yo tenía once años, y nuestra pobreza aumentó. Yo contaba alrededor de veinte cuando me ingresaron en el hospital Calixto García, durante tres meses, como consecuencia del trabajo en una empresa con ambiente saturado de gases que emanaban de la goma laca. Me salvó un médico acaudalado que me vio dibujar en el hospital”.

Cartel GuillénLa casualidad resultó providencial: “Para que me fuera posible sobrevivir, el doctor Ricardo Ugarriza (no puedo olvidar su nombre) me indicó de urgencia una alimentación reforzada. Como se percató de que mi familia no tenía recursos para asegurármela, empezó a encargarme dibujos: o para él —se negó a aceptarlos regalados, como era mi deseo, y él mismo les ponía un buen precio para la época—, o pedidos por amistades suyas, me decía. Con el tiempo me ha entrado la duda de si era efectivamente así o si se trataba de una generosa maniobra para seguir ayudándome. ¿Qué habrá sido de él?”

Así fue que Rolando de Oraá llegó con vida a la Cuba de la Revolución, y la historia empezó a ser otra para él y para su familia. De eso habla un hecho que a nuestro entrevistado le “resulta gracioso: de un libro de literatura infantil editado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba [UNEAC] y titulado Siembra, que ganó premio, la autora es Hilda de Oraá; el editor es Pedro de Oraá; las ilustraciones son de Rolando de Oraá”.

Su obra ha dado sostenidamente frutos valiosos, con merecidos reconocimientos. Diseños suyos han recibido galardones de la UNEAC y de otros organismos, así como en distintos salones. Los lauros pudieran resumirse en el Premio Nacional de Diseño del Libro y en el Premio de Diseño Gráfico Eduardo Muñoz Bachs, ganados en 2006 y 2012, respectivamente.

Tesón y permanencia

Ejemplo especialmente representativo de su labor es la revista Revolución y Cultura. “Estuve diseñándola de 1984 a 2004, y

Al recibir el diploma —bra del diseñador Pepe Menéndez— que acredita su Premio Nacional de Diseño de Libros, ganado en 2006. ¿Tendría en mente las memorias de su adolescencia y de su juventud, texto ya en ciernes que retrata a un Juan Quinquín urbano? Foto: Víctor Junco

Al recibir el diploma —bra del diseñador Pepe Menéndez— que acredita su Premio Nacional de Diseño de Libros, 2006. ¿Tendría en mente las memorias de su adolescencia y de su juventud, texto ya en ciernes que retrata a un Juan Quinquín urbano?
Foto: Víctor Junco

en ese intervalo tuvo números distinguidos con premios en salones de diseño de prensa. La mayor satisfacción me la da un hecho: más de una década después de haberme jubilado, sigue básicamente la misma pauta de diseño que tracé para ella.

“Después de jubilarme estuve haciendo Extramuros, revista del Centro Provincial (habanero) del Libro y la Litaratura”. Y no descansa: “En 2014, invitado por la Universidad de Costa Rica, ‘me estrené’ como conferenciante. Allí hice una exposición personal, ofrecí varias charlas y —sobre las formas de hacer el cartel cubano en los años 60— el taller Goma y tijera, del que nació, ilustrado por los talleristas, un opúsculo de igual título. Ahora está en edición”.

Agradece “a la profesora costarricense Grettel Andrade” que el país centroamericano se sumara a los que en América y en Europa han acogido exposiciones suyas, le han confiado el diseño de publicaciones o tienen muestras de sus trabajos en colecciones permanentes. Es natural que las principales ilustraciones para este recuento sean obras del entrevistado. Si no fuera así, el entrevistador pediría que lo ilustrara el justiciero y entusiasta Roberto Figueredo.

Luis Toledo Sande

Publicado en Bohemia, 7 de agosto de 2015.

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