La noción de República, acendrada en la lucha contra el feudalismo y la monarquía, y contra las secuelas de ambos, es un logro de la humanidad. En su formación y su evolución de país relativamente joven —fruto de un convulso proceso de escasísimos siglos comparado con las naciones milenarias que hay en el mundo—, Cuba dio tempranas muestras de su voluntad republicana, inseparable de la civilidad que necesita seguir cultivando. El 10 de octubre de 1868 inició su primera guerra de independencia, y en abril siguiente sesionó la Asamblea que proclamó la República en Armas. Con las experiencias acumuladas en ese camino, y para plantearse logros aún mejor orientados, la guerra de 1895 se preparó y se hizo enarbolando las banderas del ideal republicano.

La frustración de esos anhelos por la intervención, en 1898, del emergente imperialismo estadounidense, y la implantación, bajo esa férula, de la República neocolonial el 20 de mayo de 1902, tuvieron inevitables consecuencias no solamente en el funcionamiento y la vida de la nación, sino igualmente a nivel conceptual. Aunque las fuerzas patrióticas, revolucionarias, continuaron la lucha para fundar una República independiente y libre, y la Constitución de 1940, inaplicada pero sembradora, se convirtió en uno de los referentes más socorridos en esa brega, tantos fueron los males sufridos por el país que hasta el término República acabó asociado al estigma. La profundidad del triunfo revolucionario de 1959 motivó que la desaprobación de la República neocolonial, mutilada o sencillamente seudorrepública, se resumiera en el rótulo la República y diera lugar a impugnaciones como la concentrada en la expresión “¡¿Qué república era aquella?!”

Pero el término requiere saneamiento, no por razones meramente filológicas, sino mucho más profundas: Cuba es, necesita, merece y debe seguir siendo una República de trabajadores, y así la define su Constitución socialista. De ahí la insuficiencia de parcelaciones como la expresada al hablarse de “la República y la Revolución”, pues no se trata de polos que se excluyan entre sí. El año 1959 es un hito de gran significación deslindante en nuestra historia, pero el triunfo de entonces fue posible porque no había dejado de existir una Cuba revolucionaria: ella permitió que nuestro país llegara a ser una República independiente, guiada por la voluntad de justicia y emancipación. De lo contrario, no habrían valido la pena tanta sangre derramada y tanto esfuerzo hecho.

No estará de más ningún cuidado para preservar un patrimonio histórico, político, cultural que nos honra. Hace unos años detecté en un sitio web, en general valioso (www.cubanadeaviacion.com.ar/cuba.html), una pifia sobre la cual he intentado inútilmente advertir a los editores, como de seguro habrán hecho también otras personas. En la descripción de nuestro Escudo Nacional se lee: le sirve “de soporte […] un haz de once varas que simboliza la unión de los cubanos en la lucha por la libertad, coronado por un gorro frígido [sic], que en su centro presenta la estrella solitaria, como muestra del carácter independiente y soberano de la isla de Cuba”.

Un dedazo, para no suponer que se trata de un acto de ignorancia, sustituyó el gentilicio frigio, propio de Frigia, por el calificativo frígido, que pasó del lenguaje poético, en el que significaba frío, al sexual, que lo aplica a la ausencia de deseo o goce en esa esfera. En el imperio romano los esclavos liberados utilizaban el gorro frigio, llamado así porque había sido característico de los naturales de Frigia, antigua población del Asia Menor, y lo convirtieron en un símbolo de libertad. Reavivado por la Revolución Francesa, el símbolo llegó a nuestro Escudo para permanecer en él, como debe permanecer en nuestra conciencia. Se trata, pues, de algo que merece ser conocido y respetado, para que mantenga su fuerza en el terreno de las ideas y del imaginario político: en la impulsión revolucionaria, liberadora.

Ya sabíamos que la República instaurada bajo tutela yanqui en Cuba se distinguió por manquedades y aberraciones. Pero no por la frigidez, lo que, de ser cierto, la convertiría en tema de estudio para nuestro utilísimo Centro Nacional de Educación Sexual. En cualquier Caso, Cuba siguió dando, después del 20 de mayo de 1902, hijas e hijos que mantuvieron bien erguidas las armas y las ideas revolucionarias, e hicieron posible la patria que hoy tenemos, en la cual esas armas y esas ideas siguen y han de seguir siendo vitales.

En la lucha contra los errores la frigidez puede causar esterilidad. Por lo que respecta a la pifia del sitio web de Cubana de Aviación, ojalá esta nota pierda pronto vigencia, porque allí se haga la necesaria rectificación, que no se ha hecho hoy, 17 de octubre de 2010.

Luis Toledo Sande

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